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Por Graciela Guerrero Garay       Fotos: De la Autora

No parece domingo. Muy pocos durmieron la mañana y las bodegas, los comercios, las placitas…todo anda abierto y lleno de tuneros como un día de miércoles o cualquier otro. Velas, mandados, alambres, tablas, cemento, golpes de martillos, antenas de televisión… El pionero Alejandro, altoparlante en mano y dicción clara, alerta y llama a cumplir las medidas de la Defensa Civil y la prisa se multiplica por las cuatro esquinas.

Mi barrio este segundo día de octubre es igual a los demás. Huelo que hay que agilizar la recogida de las podas y la revisión de los tragantes, no solo de las casas, sino los públicos porque, justamente aquí está el móvil de las inundaciones y el enmascaramiento de muchos accidentes cuando se inundan las calles.

Estamos en fase de Alerta Ciclónica por Las Tunas. Televisores y radios más altos de lo acostumbrado, para escuchar las noticias mientras se realizan las tareas domésticas. Hay que dejarlo todo listo, pues mañana lunes es casi evidente que el poderoso Matthew toque nuestra Isla por el sur, Guantánamo o Santiago de Cuba, pero, como dice el Doctor Rubiera en sus puntuales y esperados pronósticos, es un huracán grande y entre por donde entre abarcará casi toda la región oriental, de mantener la trayectoria.

Muchos cubanos, cientos, no han dormido ni dormirán hoy tampoco. Evitar la muerte de nuestra gente es lo primario. Empero, la riqueza de los cultivos, los animales, los almacenes… lo más mínimo es igual de vital e importante. No es la primera vez que las pérdidas nos aprietan mucho más los cordones y estos tiempos se gastan la broma de ser complejos y riesgosos.

Por eso este domingo se viste de lunes. Está lleno del coraje y la esperanza de todos los cubanos. Y mi gente, la tunera, como los de allá del “Chago” y el “Guaso”… la bella y sacrificada gente del oriente de Cuba trae manos de pulpo, empuja los músculos y anda de carreras por doquier. Matthew es otra de esas espadas naturales que no podemos eliminar del mapa, pero sí esperarla con chalecos de hierro para que no nos arrebate lo que con tanta hazaña, prodigio y desvelo construimos.