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Por Graciela Guerrero Garay     Foto: Darletis Leyva González

La Máster en Longevidad Satisfactoria, Xiomara Mercantete Rodríguez estoy segura lleva en su interior toda la riqueza de espíritu y la sonrisa que regalaba siempre a quienes, en los pasillos del preuniversitario Luis Urquiza Jorge, de esta ciudad, la teníamos de compañera y amiga. Hoy mi colega Darletis Leyva González, me alegra con la noticia de que lleva el programa de orientación médica en la primera Escuela Popular para Diabéticos de la provincia Las Tunas.

Otra hermosa historia que marca los anales humanitarios de la salud local y nacional y busca, en lo esencial, enseñar a  estos pacientes que pueden tener una vida mejor a pesar de su enfermedad, con alta incidencia en Las Tunas y el país, donde este noble proyecto se realiza en cada uno de los territorios.

En el consultorio médico 3, de la calle Lico Cruz, cercana al centro histórico de esta capital Balcón de Oriente, está ubicada la escuela, enmarcada en el área del Policlínico Manuel Pity Fajardo, con una cifra importante de pacientes, los cuales reciben aquí orientaciones sobre la alimentación, cómo realizar los ejercicios físicos idóneos y el uso de medicamentos, mediante una metodología participativa y dinámica que los lleve cambios de comportamiento ante sus padecimientos.

Y si novedades y mejoras en la calidad de vida de los diabéticos trae la apertura de esta Escuela Popular, la información difundida por Tiempo21, destaca que este proyecto más adelante se pondrá en práctica con los tuneros aquejados de insuficiencia renal crónica, los hipertensos, adultos mayores, jóvenes y adolescentes, además de otros grupos de interés.

Desde mi escaño, levanto la mano por el altruismo que encierra esta decisión del MINSAP en Cuba y apuesto, por demás, por la ternura adicional que pondrá en sus clases la doctora Xiomara, una médico cubana que sabemos de tinta cuánto empeña cuando de dar confianza y talento a sus pacientes se refiere, más cuando Las Tunas registra la población más envejecida del país y el adulto mayor necesita, más que medicamentos, fortalecer la autoestima y llevar con dignidad esos años de cana y achaques que regala la vejez.