20160918010046-diabtes.jpg

Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: Archivo de la Autora

Ada Elena sintió que moría cuando le confirmaron que Carlitos era diabético. Sin embargo, dos meses después, me cuenta la historia tranquila y segura de que la calidad de vida de su joven de 12 años  será mucho mejor de lo que imaginaba, pues tanto en Las Tunas como en el país los infanto-juveniles que padecen esta enfermedad reciben tratamientos y atención priorizados.  

Destaca la ternura con la cual lo reciben los especialistas en las consultas y la confianza que les trasmiten a ambos para lidiar con ese padecimiento, el cual afecta alrededor de mil niños menores de 15 años en la Isla y a más 371 millones de personas en el mundo.

Los programas educativos y recreativos les enseñan  cómo manejar la dieta, el monitoreo  de la insulina y los prepara, incluida la familia, a convivir con su dolencia, lo que se traduce para ella y su hijo en un nivel de confianza enorme en el presente y el futuro, así como para el resto de quienes comparten turnos de espera en las áreas de policlínicos y hospitales según el especialista y la consulta a la que fueron citados.

Una información de JR digital indica que desde 1967 la iniciativa cubana de habilitar campamentos de pioneros, como el Manuel Prieto Labrada, en la provincia de Cienfuegos, para ayudarlos a aprender a tener una vida con calidad, elevar al autoestima y la autonomía  para resolver situaciones específicas de la enfermedad, son otras atenciones que dejan dormir tranquila a Ada Elena y hacen sentir a Carlitos un adolescente igual a los demás.

Sin minimizar las complejidades de la diabetes y sus consecuencias en el estado de salud de los pacientes y, aún con las limitaciones de medicamentos y el costo de los tratamientos por el bloqueo norteamericano a la Isla, Las Tunas garantiza el seguimiento de sus enfermos y en el caso de la mujer embarazada, los niños y jóvenes se multiplican esfuerzos y dedicación para cumplir los programas previstos, con el objetivo de disminuir los ingresos por descompensación y que reciban chequeos sistemáticos para saber el estado metabólico.

Además, la atención renal, oftalmológica, de podología, psicología y estomatóloga no faltan en las prioridades. Por eso, sin utopías sentimentales, Carlitos sonríe y responde lleno de esa sabiduría natural de nuestros chicos “claro que tengo novia, yo soy un joven normal y mami y todos me cuidan mucho”.