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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: Archivos de la Autora

Le contaba a una amiga lo que tenía guardado en la memoria de su penúltimo año de la carrera de Agronomía, la cual ejerce desde el pasado verano como Ingeniero en una cooperativa del municipio Las Tunas. El viaje a la comunidad de Zabalo, donde existe el mayor reservorio de cocodrilos Acutus del mundo, fue una de las actividades de extensión universitaria que le marcaron para siempre. Jamás miró con igual punto de vista al municipio Jobabo y su gente de campo.

La conversación se animó en el recuerdo y fue puntal para que Amalia Díaz cambiara la imagen del rostro, un poco “engurruñado” porque no cogió la carrera de Psicología y le llegó Estudios Socioculturales. Igual le pasó a él, pero profesores como Pablo Guntín, encargado del Extensionismo agrícola y a quien tampoco olvida, le despertaron el amor por el camino que tomó su vida. Ella a la vuelta del tiempo le diría lo mismo. Estaba seguro.

La Universidad Vladimir I. Lenin, enclavada en lo que se conoce ahora como Escenario 1, luego de la integración que transformó conceptos y programas en la Educación Superior en cursos anteriores,  destaca por sus proyectos integradores y lo referido a la Extensión Universitaria, la cual permite a los estudiantes a vincularse con actividades afines a sus perfiles académicos en las diferentes comunidades de los municipios, sobre todo donde prevalezcan valores utilitarios a los contenidos de clase y el futuro desempeño profesional.

A la razón, suman miles los universitarios que por estas vías fortalecieron los nexos de pertenencia con sus carreras, descubrieron el alcance social de las mismas o lograron reconocer que, en efecto, tenían vocación para ellas, hecho que no siempre les resulta claro a muchos por el asunto de los escalafones o los resultados en las pruebas de ingreso que les obligan a aceptar otras opciones, a veces muy lejanas de sus aspiraciones primarias.

El novel ingeniero despide a Amalia con el beso camaraderil que arraiga los contactos personales en la Isla y por estas tierras del oriente, mientras ella regala una sonrisa de esperanza. Días después me cuenta y confiesa que, ciertamente, a dos semanas de comenzar el curso está animada y con fuertes deseos de sumarse a estas inteligentes prácticas de vinculación  de la universidad con el entorno.

La experiencia dice que no se defraudará, porque testigos somos de cómo barrios con serios problemas sociales dieron un salto grande y positivo cuando la academia llegó allí, un buen día, para hacerles ver sus potencialidades, ayudarlos a mirar con otros ojos la vida y responsabilizarse  con el patrimonio que tienen. Y esta respuesta impacto valida la necesidad de darle cuanta energía necesite el Extensionismo Universitario, ya sea en la agricultura o cualquier otra esfera de la sociedad.