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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

Podría, quizás, quitarle a las musas el más apasionado de los latidos mortales, piel a piel, y escribirle a Cupido una nueva oración para el amor. Es domingo, un excelente día para los enamorados, pero en los altavoces de las rutinas cotidianas, tal como pregonan un bocadito de helado, la gente dice que ya nadie quiere a nadie.

A veces, lo creo. Otras, me pregunto, ante un acaramelado beso que me regalan dos en plena acera, si será amor del bueno. Aquel que mira el alma y es más feliz con dar que con pedir. Ni pienso, después, cómo será al cruzarme con dos ancianos que van juntos por los peregrinos caminos de la vida. ¿Fueron…son… es costumbre…? Nunca tendría una respuesta. Ellos van y el tiempo no es la brújula exacta de la felicidad.

El amor existe y te atrapa sin pedir permiso, aunque por tantas enfermedades de última generación tenga lunares y se tome prestado los anuncios de vidriera. Mis “coticos” me dieron la lección. Lástima que a fuerza de quererlos tanto me gane el egoísmo y no los lleve de puerta en puerta cuando se dan el piojito. Trinan, juegan, comparten el arroz y no se cómo se aprietan de tal forma que, a cualquier hora del día o de la noche, se meten en el angosto espacio de la güira que les puse para que anidaran.

¿Quién dice que ya nadie quiere a nadie? Mis bellos agapornis no esperan un 14 de febrero para, en unas 24 horas, jurarse amores eternos, hacer un lujoso regalo que, marca y “money”, hablen lo que no el corazón. Para él su reina esta ahí y la mima con una ternura enorme en sus redondos ojitos. Para ella está el rey... y le besa la piel- digo las plumas- con un alboroto previo de cantos tan rítmicos que me hacen correr al balcón. Entonces disfruto sus amores y apuesto que el amor existe.

De cualquier manera, hoy el amor y la amistad están de ronda. Ojalá no acabe con las doce campanadas al estilo Cenicienta y haga una ronda enorme que sacuda al mundo, con amor y más amor. Ojalá las promesas y las miradas cómplices se multipliquen por nueve al llegar la mañana de lunes. Ojalá jamás escuche la fea profecía de lo humano: ya nadie quiere a nadie.

No es verdad… Amamos y por amor volvemos una y otra vez a la misma fuente, quizás con alguna cicatriz profunda y desmedida. O unas lágrimas demás en la mejilla, pero volvemos. El romanceo de mis coticos verdes es solo un pretexto para armarle unas líneas a los enamorados. A nosotros, los de ayer, hoy y mañana, porque la vida es eterna como los recuerdos de todos los amores y estamos vivos, en cualquier lugar y en cualquier parte, por amor.

¡Felicidades Cuba! ¡Felicidades Mundo! Se que apuestas conmigo otro poco de amor.