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Este martes en Las Tunas el tema y las opiniones sobre la venta de viandas, frutas, especies y hortalizas nada difiere del lunes. En la zona de los mercados estatales Leningrado y la Unión, en el reparto Santos, uno de los más habitados de la ciudad y con amplia presencia de carretilleros y kioscos, solo tres abrieron y los precios están más caros que antes de aplicar la medida. El desabastecimiento en los mercados agropecuarios estatales es evidente. Los tuneros dicen...

Por Graciela Guerrero Garay           Fotos: De la Autora

Justo el domingo pasado cuando en las llamadas Ferias Agropecuarias los tuneros encontraron mucho más bajos los precios de los productos del agro los comentarios volaron  “de contentos”, más si estos maratones de fin de semana son los únicos donde hasta ese día el pueblo podía comprar alguna cosa sin llevarse en la jaba y la boca el amargo sabor de sentirse robado, estafado y menospreciado por una ley de oferta-demanda imposible de evadir.

Cerca de 48 horas después de ponerse en práctica la nueva tarifa de venta para viandas, frutas, hortalizas y condimentos naturales (ajo, cebolla, ají, cebollino y tomate) el desabastecimiento de los mercados estatales, la ausencia de los carretilleros y los puntos de venta menguados en sus opciones y la mayoría cerrados traen de cabeza a los consumidores, quienes si bien encuentran la medida justa y necesaria ahora debaten opiniones montadas en la cuerda floja de qué pasará mañana.

Después de recorrer los mercados y placitas esta reportera fue al grano con cuentapropistas, carretilleros y trabajadores de los mercados, al tiempo que entrevistó a una veintena de clientes y tanteó el asunto vía telefónica con colegas y amigos residentes en la ciudad de Bayamo y Cabaiguán. Un criterio común resultó del sondeo: mientras el Estado no pueda mantener una oferta estable no funcionará nada. Ayer en la feria había productos, pero no en las cantidades ni variedades de las anteriores. Hoy lunes amaneció en las placitas y los mercados lo que no se vendió. Lo demás está vacío.

En una información del colega Roger Aguilera  publicada el sábado 6 de enero las opiniones no diferían mucho y hablaban de desabastecimiento “por primera vez desde que se abrió hace nueve años el mercado El Tropical, que oferta vegetales y jugos”. Mientras, un artículo de István Ojeda difundido en la edición impresa y digital de 26 llamaba la atención sobre si “¿es posible intervenir por decreto los precios en el mercado?”, y recordaba que en “las últimas dos décadas, desde el Gobierno no se ha tenido éxito diciéndoles a los vendedores particulares cuánto cobrar por sus mercaderías o servicios”.

La realidad de este inicio de semana le da la razón cuando también aludía “en medio de un contexto en el cual el sector privado y cooperativo tiene un peso importante por ejemplo en la producción de alimentos, el Estado está apostado en los últimos cinco años por una variante más inteligente: incidir de indirectamente sobre los mecanismos de conformación de los precios, como la reducción de los impuestos o fortalecer la deprimida infraestructura del sistema estatal de la agricultura”.

Encuestados como el Doctor José Luis Marañón decía que “esta situación era lógica, en tanto el Estado no mantenga en sus mercados un surtido variado y con precios asequibles a la población, que obligue a los puntos de venta e intermediarios a bajar sus ofertas”.  El Ingeniero Rafael Mancebo, por su parte, se pregunta “¿la Agricultura y Acopio están listas para poner los productos en la red mayorista y minorista? No es secreto que las producciones se podrían en los centros de acopio de las fincas y cooperativas porque no había camiones para recogerlas. Entonces, cómo harán ahora si aquí en Las Tunas lo que se vende los traían los particulares de Ciego de Ávila, Santi Spíritus y Santiago de Cuba, por decirte algunos lugares”.

Anicia Salazar y su esposo Moisés venden en un punto de venta particular todo tipo de productos del agro y siempre está bien abastecido. A las cinco de la tarde de este lunes apenas tenía unos pepinos de “tercera”, ajíes y cebollas. Una imagen que nada tiene que ver con su cotidianidad. “Esto es lo que me queda. NO entraron los camiones y dónde voy a comprar. Todo debieron dejarlo como estaba hasta tanto puedan crear los mecanismos o decirnos a qué precio vender. El resto que lo hagan cumplir los inspectores. Ahora no hay nada y la gente está más preocupada que antes. Yo no sé si podré abrir mañana”.

Gisela Pérez,  ama de casa, confiesa que “recorrí bien temprano la placita y había calabaza, boniato y unos platanitos verdines pequeños, pero yo compré el domingo. Quería plátano macho o burro y por toda esta zona de los mercados Leningrado y la Unión (ambos lugares de alta concentración de vendedores privados, tanto fijos como carretilleros) no había nada. Hasta el Mercado del Ferrocarril (uno de los más grandes de la ciudad que opera bajo oferta y demanda) estaba vacío. Creo que ni abrió, y en las placitas de Buena Vista y esos barrios de allá arriba igual había calabaza y piña, pero nada de especies ni otras viandas”.

Quizás sea muy pronto para vaticinar los efectos de esta imprescindible medida que intenta responder a viejos y justos reclamos de la población tunera, como de todo el país donde en muy pocas localidades el pueblo encuentra precios que estén al alcance de sus salarios o productos que, por su calidad y frescura, merezcan tal encarecimiento. La malanga, como dijo Librada González, a 12 pesos la libra “debe traer la carne incluida”. Empero, en el Vedado, en La Habana, una amiga me aseguró que estaba a 20 y, otra de Cabaiguán (Villa Clara) recién encontró allí la carne de cerdo a 40 pesos.

Lo cierto es que por razones previsibles, objetivas, subjetivas, reales o de cualquier índole, los mercados este lunes en Las Tunas amanecieron vacíos y brillaron por su ausencia los kioscos abiertos y los carretilleros que llenaban las calles de voces a cualquier hora del día. En Bayamo, me informó otra colega, desde el mismo domingo, su céntrica avenida también sintió la ausencia de estos parlantes humanos.

Bajar los precios es un imperativo de la economía doméstica esencialmente, porque no se trata solo de lo que se va a comer, sino de cuanto necesitan tuneros y cubanos comprar para suplir sus necesidades vitales, sin pensar en lujos ni vanidad. Los desembolsos que hay que hacer en las tiendas de mercados industriales y de divisas igual requieren de una mirada seria y equilibrada, para que el salario honrado cumpla su función y sirva de resorte para borrar malos vicios y sentir más apego por lo que se realiza.

Los precios son una papa caliente, pero no hay de otra que buscarle la vuelta y ponerlos en su justo lugar con inteligencia, quizás alguna cura un poco fuerte y lo más rápido que sea posible.  Comparto lo que dice mi colega István, no solo es voluntad y buenos deseos, sino ver la realidad y asumirla para que el beneficio que merece y espera el pueblo no dure lo que un merengue en la puerta del colegio.