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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: De la Autora

¿Entonces puedo entrar a la Universidad?, dijo Tahimí María Jorge con un júbilo evidente y cierta mezcla de duda y alegría en las palabras, al oír la noticia de que se transformaban los requisitos para ingresar a la Educación Superior. Cientos de muchachas en Las Tunas y el país, como ella, solo terminaron carreras técnicas o abandonaron los estudios por cuestiones existencialistas que, en determinado momento de sus vidas, no le dieron otra opción que interrumpir los estudios.

Después la vida misma y el rigor de las pruebas de ingreso les hicieron olvidar los sueños de alcanzar un título universitario. Los actuales cambios divulgados por el MES en Cuba devuelven las esperanzas a quienes tienen el grado doce terminado y,  sin hacer pruebas de ingreso, pueden matricular en los Cursos por Encuentro o Educación a Distancia.

“Ya busqué la planilla y mientras trabajo y realizo mis funciones como madre y esposa, repaso los contenidos para estar mejor preparada, pues yo intenté entrar en años anteriores y nunca aprobé. Ahora hasta me parece mentira esta posibilidad, pues soy cajera en un Banco y me gustaría licenciarme o ser ingeniera. En eso ando, en definir la carrera por la cual voy a optar”, dice Tahimí y muestra el documento, su nave de oro para llegar a puerto.

El nuevo procedimiento de ingreso a los estudios universitarios en sus modalidades semipresenciales responde- según especialistas del Ministerio de la Educación Superior y difundido por programas como la Mesa Redonda, del Canal Cubavisión-,  a que en los últimos cinco años no se logró satisfacer la demanda de más de 42 mil profesionales en ciencias técnicas, agropecuarias y económicas requeridos por la nación para asumir su sustentabilidad y desarrollo.  

En las familias y los jóvenes, incluso en un importante número de personas adultas que desean cursar otras especialidades o elevar su nivel de escolarización, la medida y las facilidades que trae aparejadas para los interesados – como es el caso también de las carreras pedagógicas- el impacto es super-positivo, más cuando Cuba destaca por una instrucción de competencia y calidad, tiene las infraestructuras creadas para asumir las demandas y el proceso educativo es gratuito.

Tahimí María no es la única tunera que empezará a vivir una “asignatura que dejó pendiente” – como dicen tuneros y cubanos al sentir en su interior un sueño dormido y deseoso de hacer realidad-. Para los hombres, sobre todo quienes están cerca los 30 años y tuvieron que interrumpir sus carreras o renunciaron a las posibilidades existentes por diversas causas, reincorporarse y terminar sus profesiones, matricular en la que realmente quisieron desde niños o arrancar para cumplir sus metas es motivo hoy de comentarios agradecidos, alegría y convicción de que en Cuba los cambios positivos van.

Así, como está dicho, con todos y para el bien de todos.