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Por Graciela Guerrero Garay               Foto: de la Autora

Aunque el título parezca una retórica, facilista tal vez, no hay de otra cuando en un simple recorrido por los repartos Santos y Buenavista percibo lo que ya otros amigos y lectores me trasmiten sobre sus zonas de residencias en este municipio capital: la higiene dura lo que pasan los carretoneros por los “yeyos”, si acaso lo hacen bien –léase la recogida de basura y la limpieza de las calles y barrios- .

Nadie puede negarlo. Con excepción del casco histórico de la ciudad, donde la modernización y el Proyecto Imagen hicieron el milagro de lo bello, el resto del municipio me trae como un relámpago aquello de que “Cuba es La Habana, y lo demás paisaje”, pero la giraldilla de todos los cubanos está sucia también en sus recodos y denunciada reiteradamente en populares espacios de la televisión nacional. Un tema vital que no se resuelve ni aquí ni allá.

La provincia aún atraviesa momentos críticos con la proliferación de enfermedades trasmitidas justo por los vectores que se alimentan de los vertederos, la suciedad, las aguas estancadas, los desechos... En una palabra, contaminación ambiental. Hablar del asunto es otra epidemia, al margen del sarcasmo. Atacamos en X y nos aparece otro basurero en Y; después en X,Y y no se acaban los focos contaminantes ni hay sanidad en nuestro entorno.

Sumemos que el cambio climático regala un aguacero cuando quiere e intensifica la sequía; la falta de control, el derroche y la escasez de recursos andan de manos y la indisciplina social y la tolerancia o apatía se convierten en una familia mala pero persistente, el asunto es más duro de guerrear y los riesgos crecen ante los ojos de todos, porque TODOS no tenemos conciencia de que es un problema colectivo, de educación cívica, pertenencia al medio, respeto ciudadano y poner al ruedo las leyes y sus sanciones, tanto para el sector privado como estatal.

Y en este último- los organismos del Estado-  el pago de las multas debería salir del salario de los directores y empleados donde se detecte la infracción, pues no me parece que sea así y a tal altura del problema muy bien es aplicable el decreto de responsabilidad material y resarcimiento, como se hace cuando se trata de un medio básico o un desfalco. Las personas naturales pagan de su bolsillo y en un tiempo limitado, sino se les multiplica. Quizás de este modo el trillo comience a enderezarse en ambos lados.

Servicios Comunales podría igual revisar concienzudamente en qué invierte su presupuesto en el 2016 y, al menos, asumir el arreglo de las calles más transitadas barrio adentro. La calle 42, que une las avenidas 2 de Noviembre y Primero de Enero, en el reparto Santos, de amplia circulación de coches, vehículos de todo tipo y personas –entre ellas cientos de estudiantes y trabajadores- es intransitable. No tiene aceras y es bache sobre bache, agregándole el enyerbamiento paralelo a la línea central del Ferrocarril, la oscuridad en varios tramos y la no señalización de una curva peligrosa en la “A. Barrera”. ¿Merece o no ponerla sobre la mesa de las prioridades?

Trabajar en equipo, hablar el mismo lenguaje, decidir con inteligencia y luz larga, cohesionada y bien pensada, y poner delante la balanza riesgo-beneficio, es vital.  Quizás haya que formar un escuadrón de inspectores voluntarios en Salud Pública y la Dirección Integral de Supervisión (DIS), pero la retórica no cabe más. Estamos emplazados a cambiar la imagen y acabar las epidemias, para que nadie pregunte ¿Y dónde quedo yo?