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Por Graciela Guerrero Garay       Fotos: de la Autora   

Llenamos el calendario del 2015 de cruces y el ciclo de la vida sigue de ronda, con esa invitación milenaria de apegarnos a los sueños y andar aunque las rosas estén llenas de espinas. Quizás por eso el himno de la felicidad siempre cohabite en nuestras almas y los retos, por muy duros,  simulen frutos hermosos.

¡Se acabó el año!, y parece ayer cuando estábamos de alguna manera con la gente querida, los recuerdos, los éxitos y fracasos. Suma de nostalgias y momentos alegres, entre distancias y cercanías, tal como una suerte de catarsis o retrospectiva que nos empuja a capitular con los caminos y veredas, de soles o manchas según el modo en que ese eufemismo llamado destino nos toque la puerta.

Otra vez juntos, con cariño y promesas, cerveza o champan, cerdo asado o pavo, pollo, dulces… amor, música, baile, con la familia y los amigos. Sin embargo, esta enorme alegría de recibir el 2016 no borra las cicatrices que tiene la tierra y su gente por los fenómenos naturales o el cambio climático, el dolor de las guerras, la muerte de grandes hombres y seres queridos, el hambre de los pobres, la maldad de los malos, la avaricia, la traición y el desgarramiento por la ausencia de luz en cualquier lugar del corazón y el universo.

Llegó el Año Nuevo y se impone mirar el sendero con mayor profundidad y humanidad. Debiéramos soltar las palomas blancas, amar a los angelitos negros y poner las velas hacia un futuro menos falso y más digno de una especie calificada, según la teoría de la evolución, como la más inteligente y creativa. Borrar el tecnicismo de la lengua y abandonar las escaleras sucias para atrapar las estrellas. Ser positivo, siempre, para que fluya la energía y el bien sea el poder de cada rincón doméstico y de la sociedad.

¡Feliz 2016 hermanos! Hemos dado un paso más y no faltará nunca una razón para seguir la cuesta, en este reloj impredecible que es la vida y el regalo de vivir un día tras otro. No perdamos los logros y las causas nobles que nos empujan y sostienen cuando la luna duerme y nos entrega el sol. Seamos. Luchemos. Amemos. El amanecer de enero es eternamente un prodigio, no importa que exista la soledad y la desesperanza y no todo salió como queríamos.

La virtud y la fe existen para que esta ronda de meses que vendrán sea mucho mejor. Brindemos y apostemos por un mundo más nuestro y demos gracias por tanto y todo… estamos vivos y hay que hornear el pan de la mañana. ¡Felicidades!, bienvenido sea el 2016.