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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: De la Autora

Cuando la tarde insinúa su encuentro con la noche y el crepúsculo es un pálido reflejo de un agitado día de semana, no exactamente ni sábado o domingo, las arterias principales que rodean el centro de la ciudad de Puertas Abiertas traen un olor que atrapa y lleva al éxtasis, como esos perfumes caros que arrancan un suspiro de recuerdos, placeres o esperanzas.

Bonito quizás sea la palabra que ilustre esa primera impresión que causan los eventos cotidianos en el más sencillo de los mortales. Tal vez, para otros, sea un suceso que solo pretende “ganar imagen, hacer ventas y entretener un poco”. De puntos de vistas y colores anda llena el alma de los seres vivos. De cualquier manera la capital del Balcón del Oriente de Cuba no es la de ayer ni será la de mañana.

El sabor cubanísimo de la comida de todos los cubanos está en la calle, gracias a esos llamados Encuentros de Técnicas Gastronómicas que promueven la gracia culinaria más allá de las paredes y los hornos, las sartenes eléctricas o las friolentas neveras. No es menos cierto que el paladar se te hace agua y te turbas ante la decisión de sentarte aquí o allá, tomarte un mojito o una piña colada entre las sombras de la tarde que se va, o seguir tu camino con la cosquilla en el estómago y el “sí o no” en la cabeza.

Mientras, los trabajadores de los principales restaurantes de Las Tunas se esmeran para ganar la preferencia y llevarse el premio de la convocatoria, una iniciativa que ganó espacio con las llamadas Noches Tuneras, el Bulevar de los sábados o la idea de reanimar estos servicios, muy deprimidos en los crudos años del comienzo del Período Especial cuando abastecimientos y economía se fueron al piso en la década de los 90 del pasado siglo.

Aunque la calidad todavía no está para chuparse los dedos, - como invita y te revuelve ver ante tus ojos, una cuadra tras otra, el cerdo asado en púa, a lo criollo, como nos gusta -, la Gastronomía ya no anda de rodillas y calza tacones finos en la mayoría de sus centros, incluidos los especializados, a pesar de que la demora en servir “a la carta” o que los platos más solicitados lleguen hasta el último de los comensales son manchas en ese despertar de los últimos años y el desafío en presente y futuro.

Aún con todo, estos Encuentros ponen en la calle el exquisito sabor de la cocina tunera y el arte que es, un mérito y una motivación que no pueden negarse  al margen de los precios que sacuden el bolsillo o la espera que desespera al más ecuánime de los clientes. Dicho de otro modo, valen por aquello de poner bajo el sol y las estrellas ofertas siempre vitales y demostrar que cuando se quiere, se puede. Entonces, los problemas que generan quejas no son tan objetivos.

Las fiestas de Fin de Año realzan los esmeros para que las familias tuneras y quienes visitan la tierra del primer poeta bucólico de Cuba, El Cucalambé,  puedan cenar sin lamentos si deciden despedir el 2015 fuera del ámbito doméstico. Insumos, locales remozados, empleomanía calificada y opciones existen para que la Gastronomía haga galas y borre los lunares de sus pasillos interiores. Los espacios a cielo abierto y la elaboración “in situ” son testigos.