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Por Graciela Guerrero Garay         Foto: De la Autora

Sin quitarse todavía el cansancio de la guardia no se marchan sin ver antes al paciente que operaron la noche anterior. Tampoco renuncian a comprobar si todo marcha bien en aquel otro que está grave y se le reajustó el tratamiento. Muchas veces, las más, los días se empatan como si la tierra dejara de rotar y descubren, de pronto, que no saben cómo salió el hijo en el examen o no llamaron a la hermana para felicitarla por el cumpleaños. 

No son héroes, ni lo pretenden acaso. Sus nombres de pila muy pocos enfermos los saben, al menos la primera vez que los atienden y hasta los salvan de las garras de la muerte. Después de la angustia vienen los agradecimientos y sus rostros se quedan para siempre en el cofre de la gente buena. Hoy tampoco descansarán aunque sea el Día de la Medicina Latinoamericana. Los deberes y las urgencias médicas ignoran que existe la palabra STOP y el esfuerzo es infinito.

En el diario de un médico nada es una utopía. Son miles quienes andan por los parajes más indómitos para traer al mundo a un nuevo bebé, sacar de una crisis de asma a un abuelo, socorrer a las víctimas de cualquier evento trágico o consultar desde las más pequeñas hasta las más grandes comunidades. En Cuba luchan contra lo imposible, porque no siempre tienen los recursos ni las tecnologías para confirmar diagnósticos.

Sin embargo, el amor y la humanidad les alcanzan para trasnochar, montar en bicicleta, coger guaguas, caminar kilómetros, estudiar, enfrentar los problemas domésticos y no perder esa ternura a que nos llamó el Che. Acariciar con la voz, las manos, palmadas en la espalda y sonrisas a niños, adolescentes, jóvenes, hombres, mujeres y ancianos. Sufrir y consolar, apoyar la familia, ir a las casas, dejar que toquen sus puertas a cualquier hora y darlo todo, incluso cuando ellos, seres humanos al fin, tienen sus dolencias y muchos peinan canas.

Son ángeles de batas blancas, insustituibles e imprescindibles. Por eso, ahora mismo, este 3 de Diciembre, van de prisa hacia los hospitales, policlínicos, consultorios, postas médicas, cuerpos de guardia… y con ellos, tal guías guardianes, están las enfermeras, enfermeros, técnicos, paramédicos y cuantos tuneros y cubanos formen el Olimpo del Ministerio de Salud Pública en Cuba, un árbol fuerte por varios puntos del planeta donde, enhorabuena, comparten con dignidad y amor el abrazo que merecen quienes hoy ejercen la medicina.