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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: De la Autora y WEB

Recuerdo que allí solía comprarme unos conjuntos preciosos, casi siempre con el sello de Telarte. Me gustaba todo lo que había, piezas únicas para todos los gustos, y con el salario de entonces, no era difícil para quienes salíamos de la universidad sin responsabilidades todavía de criar hijos ni sostener un hogar, dice María Antonia, una experimentada ingeniera industrial.

Sus fotos de entonces no eran tampoco únicas. Viejas amigas – entre las cuales me encuentro- vestíamos zayas de arabescos originales y llamativos comprados en el Fondo de Bienes Culturales, un sitio donde gusto, arte y artesanía van de la mano hace una veintena de años en Las Tunas y, como ayer, atrapan a locales y foráneos por la calidad y variedad de sus ofertas. El precio es otro tema.

El Balcón del Oriente de Cuba se distingue por ser cuna de valiosos artistas, incluidos poetas, escritores, decimistas y narradores orales. La artesanía popular, en muchos casos sin estudios académicos, realza tal mérito y la creatividad es un sello real de identidad, conceptos estéticos y propuestas originales muy bien valoradas por el público, quien tiene la posibilidad de adquirir ropa, calzado, bisutería, adornos, carteras, sombreros y útiles para el hogar, entre otros, en moneda nacional y convertible, incluso más subjetivos y duraderos que los de producción industrial.

Ubicado en el corazón de la ciudad, justo frente al único parque solar dedicado en Cuba a José Martí, la Plaza Martiana, es una tentación para quienes buscan la exclusividad de una pieza u obra, sienten predilección por esa gracia especial de la artesanía y lo nacional y desean, como complemento, lucir algún atuendo muy propio. Por demás, para hacer turismo de ciudad, conocer las riquezas de la Isla y apreciar el talento de los tuneros igual vale una misa.

Unos 300 creadores, entre los cuales forman nóminas también los villaclareños, holguineros, camagüeyanos y habaneros,  se encargan de convertir a esta Filial del Fondo Cubano de Bienes Culturales en un punto de referencia en el país. El espacio que mantienen cada año en la Feria Arte en La Rampa, de la capital cubana, lo confirma.

Mi amiga María Antonia y yo volvemos a mirar las fotos de los viejos tiempos. Ahora no podemos darnos aquellos “gustazos” de entonces porque primero están los hijos y los nietos, pero de que nos deleitamos con tanta belleza junta, seguro. Y  no dejamos de reconocer tampoco que el buen arte es caro aquí y en cualquier punto de la tierra. El tunero lo vale. No renuncie a la visita. Al alma también le hace falta pan.