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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: De la Autora

No siempre quien va en apuros “de médico” se fija mucho en los alrededores, al menos al primer golpe de vista si es presa de un dolor fuerte o una urgencia. Al llegar el alivio o mientras espera la reacción de un algún medicamento, entonces las paredes y el entorno activan las neuronas.

Tales razones mueven, de algún modo, las necesidades que llevan al Ministerio de Salud Pública en Cuba y en sus territorios a priorizar las reparaciones y mantenimientos de los Consultorios del Médico y Enfermera de la Familia. Es un programa encaminado a potenciar el estado higiénico ambiental de estos centros vitales de y para la comunidad, deteriorados por el paso del tiempo y las limitaciones económicas.

Sin embargo, no todos pueden incluirse en los proyectos inversionistas para cambiar carpintería, mobiliario y remozar la estructura constructiva. De esta suerte, las brigadas de los policlínicos, con la ayuda de vecinos, activistas sanitarios, Grupo Comunitario y personal médico en cuestión buscan alternativas y dan los retoques de belleza.

Las Tunas, por ejemplo, durante el pasado año trabajó para esta fecha en la restauración de unos 213 en los ocho municipios bajo el proyecto Todo por Salud, con el apoyo de organismos de la provincia, fundamentalmente en las zonas rurales donde era caso de urgencia sacarlos del mal estado de conservación. Las Cooperativas de Producción Agropecuarias, de Créditos y Servicios y Unidades Básicas respondieron al llamado.

Ciertamente “todas las manos” permitieron que a inicios del presente 2015 se beneficiaran unos 138 consultorios, pues de lo contrario el presupuesto solo hubiese alcanzado para unos 33. La experiencia empezó a caminar y la empleomanía de entidades como la Forestal y ACINOX dio importantes contribuciones.

LA HISTORIA DEL 123-01…

Una de estas calurosas mañanas había un movimiento diferente en el 123-01, un consultorio médico ubicado en una amplia comunidad de edificios multifamiliares, pertenecientes al Consejo Popular 18 de esta ciudad Balcón. Allí la brigada del policlínico Gustavo Aldereguía, la enfermera Carmen Delgado y los vecinos comenzaron a cambiar el color de la nostalgia.

Unos meses antes, por gestiones del Delegado, trabajadores de la cercana Universidad Vladimir I. Lenin hicieron las primeras reparaciones. Fue el “chispazo” para despertar la motivación del barrio y decidir cambiarle los años a un lugar que para nadie es indiferente. Los reiterados reclamos de la doctora Ismara Téllez y Carmen de ver su “segunda casa” más alegre y agradable para los pacientes empezaron a tener respuesta.

PERTENENCIA NO ES UN LUJO… ES AMOR  

Nunca dejó de ser parte, más ahora que Ismara termina su especialidad y en determinados momentos tiene que estar ausente. Dulce María Pérez, una de las primeras enfermeras que tuvo el 123-01, comparte desde su jubilación todo lo que puede con su colega Carmen. Esta vez tampoco faltó en la lista de quienes le hicieron “el nuevo traje” a la institución.

“Cumplí misión en Venezuela –dice- y después de 41 años de trabajo me jubilé, pero no puedo dejar de contribuir con el barrio y mis colegas.  Estoy contenta de ver que se pasó la mano a nuestro Consultorio, y la mía no podía darse el lujo de no estar”. 

La activista sanitaria Ada Iris Núñez asienta con la cabeza mientras toma una de las brochas y empieza a pintar las tablillas de la ventana, junto a Carmen quien anda de aquí para allá, tal como hace el terreno subiendo y bajando escaleras, casa por casa. José Segura, todo un personaje en la comunidad, subido en la escalera, se encarga del techo y recuerda que unos meses atrás se “retocó” y ahora la pintura acaba de vestirlo de nuevo, aunque no se pueda decir lo mismo del mobiliario y la carpintería.

De cualquier manera, ya no existen esas paredes desteñidas que olían a humedad y abandono. Mientras el sol subió a lo alto del cielo otro olor ganó el ambiente…era el de pueblo, ese que nunca ha dejado desmentir aquello de que en la unión está la fuerza. El 123-01 abre bonito sus puertas a las ocho de la mañana y a mí se me antoja, como a las entusiastas y bravas Ismara y Carmen, que huele a comunidad.