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Por Graciela Guerrero Garay         Foto: De la WEB

¡Siempre será el Comandante. Ese es Fidel! Así, con vehemencia, respeto y gratitud dijo en voz alta una tunera cuando la pantalla de su televisor difundía la imagen del gran líder de la Revolución Cubana, en su encuentro con los CINCO. No había ni un mutis demás en sus palabras que ese sentimiento, guardado pecho adentro,  por quienes nunca olvidan al mayor estadista de esta Isla y el Planeta.

El 13 de Agosto es igual una fecha inolvidable. Creo no ser utópica al afirmar que el Día de su nacimiento lo ignoran muy escasos cubanos. Incluso, por el mundo,  son millones los que dejan de alguna manera constancia del cariño y la alegría que sienten por verlo, en su ancianidad, lúcido, fuerte, aleccionador, meridianamente claro en sus Reflexiones y siempre –quizás con todo y más- humano y preocupado por los destinos de sus hermanos de ideas, los humildes y cualquier pueblo de la tierra.

No es egolatría ni dádivas de ocasión dedicarle estas líneas ni las cientos que le entregan prestigiosos escritores nacionales y extranjeros, medios de comunicación, organizaciones… en fin, Fidel Castro Ruz es evangelio vivo y, en tal medida, los verdaderos justos transmiten sus votos de felicidad y deseos de bienestar hacia su persona porque, guste o no, lo ganó palmo a palmo en cada minuto de su larga vida.

Hoy todas las letras buenas van a estar a su lado. Los eclipses no matan al Sol ni le quitan las luces del amanecer. Tampoco la oscuridad, sea cual sea su forma,  hace fenecer al día. El Comandante, como lo sienten tuneros y cubanos, tiene el brillo del vigor que conquistó la Sierra Maestra, impulsó al yate Granma, alfabetizó su país e internacionalizó la enseñanza, el bienestar sanitario y unió voluntades para el bien. Por eso, seguramente, hoy es el hombre más perseguido del mundo.

No lo mataron, como tampoco nadie ha podido matar la verdad aunque nos llenen de mentiras de la cabeza a los pies. Es Fidel, la cabalgadura de la justicia a pesar de que existan las piedras y las manchas, las lenguas y las manos ingratas. Es su cumpleaños. Vale, entonces, el abrazo eterno de cada agosto, de cada corazón agradecido y noble, multiplicador de panes y peces, con la gloria de saberlo nuestro y con ese orgullo interminable de decir, es Cuba, Comandante. ¡Felicidades!