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 Por Graciela Guerrero Garay   Foto:Periódico26

Eso de que tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe, ciertamente, no se cumple con los precios y si nos quejamos de la “parte estatal”, ya me convencí que la “privada” (léase cuentapropistas) es peor, porque con toda la burocracia que podamos ejemplificar y sufrir, con los errores, la cadena de ineficiencia, mala calidad, etc., etc.… al Estado le debemos agradecer un montón de cosas (obvio mencionarlas, todos somos beneficiarios. Saque sus conclusiones, mírese adentro).

El silencio es cómplice, pero la ética es inviolable. Una señora airada contaba a su acompañante, en voz alta, en la sala de espera de una consulta médica que “al final compró unos chorizos, porque el carnicero que vio llorar el día anterior cuando le querían decomisar todo porque vendía a 25.00 pesos la carne de cerdo, al siguiente, muy lúcido, le dijo que era a $ 25.00”, cuando ella no compró en aquel momento pues esperaba su turno, cuando llegó el inspector y suspendió la venta.

Al indagar, narró el suceso. Le pedí su nombre para escribir este artículo y pidió no mencionarla “ya que tengo que ir allí y no quiero problemas”. Debo respetar su voluntad, es elemental por principios éticos, pero no quise silenciar el hecho porque de la violación de precios se habla y se habla… y seguimos.

El tema de las carnicerías, va a la fuente y no se rompe. Continúan los faltantes de pollo y jamonada en las estatales y los cuentapropistas eternizan sus valores falseados en las tablillas, sobre el mostrador y en las pesas. Las justificaciones se parecen a los clientes…si protestan, tratan de hacerle un “lavado de conciencia” (nunca son los culpables), si callan le roban más, si adoptan poses de resignación, pague y váyase. Y así,  el día a día se convierte en un drama de película de sábado para quienes trabajan honradamente, se jubilan y recontratan, incluso enfermos para recibir los beneficios de la nueva Ley de Jubilación.

Más, si sumamos que esta “guerra” la dejamos a unos pocos y los más somos indiferentes para no buscarnos problemas, si no delatamos los hechos corruptos porque hay que lucharla o tenemos que ir a morir ahí, ¿dónde queda la honradez y la justicia? ¿Para qué se ponen precios topados, se hacen estudios, se denuncia en programas de participación por los Medios de Prensa? ¿Qué valor tienen los argumentos y los planteamientos de los electores en las Rendiciones de Cuenta?

Muchas preguntas existen sin una respuesta coherente, porque igual pudiera mencionar el respeto a los Dispongos y Resoluciones de los órganos del Gobierno, a la ¿pensada? distribución de los cárnicos, al control real de los consumidores en las carnicerías…en fin… llueve sobre lo mojado, al menos en estos asuntos que tantas opiniones y estados de insatisfacción generan en el pueblo, los cuales no caen sobre sus verdaderos responsables, sino, tristemente, los carga el prestigio y la credibilidad de la Revolución y sus cuadros.

¡¿Hablar de precios?!... ni se moleste, periodista…fue casi unánime la respuesta cuando exploré el asunto con consumidores en varios lugares, con amigos, vecinos y hasta colegas… la producción es el regulador. Y ahora, cuando la sequía nos come, el clima se entrona en hacerlo todo más difícil y nos vamos poniendo viejos… a punto de cerrar estas líneas  me niego a dejarme vencer por el fatalismo, pero tampoco puedo borrarme la pregunta: ¿Esto será para siempre?