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Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: De la Autora

Regala los mismos besos con la pasión de esa adolescencia que levantó más de un suspiro en decenas de generaciones de tuneros, a quienes jamás les faltó el cariño, el regaño y el consejo de esta mujer que conozco por casualidad en una de las céntricas calles del corazón de Las Tunas, mientras conversaba con Lesbia de la Fe Dotres, reconocida escritora de la provincia.

-¿No la conoces? -  me dice Lesbia, mientras le pasa con amor la mano por la cabeza y la aprieta junto al pecho. “Es María Sánchez, la conserje del colegio Victoria de Las Tunas, pero era una madre para los muchachos y muchachos de esa época”, agrega y a los ojos de ambas llega el brillo de complicidad y respeto que suele brotar cuando el tiempo no borra los trillos del recuerdo.

Entre los centros de educación durante la época de la neocolonia, el más significativo fue el colegio Victoria de Las Tunas, según citan los investigadores, quienes reconocen también a Verbo Encarnado, la Escuela del Hogar, la Academia Regil, el colegio Panchín Varona (de Rita Orozco Batista), el de Comercio y el Colegio Médico.

María Sánchez no olvida que los alumnos eran como sus hijos, “aún cuando no fui maestra, para todos los trabajadores era un himno sembrar respeto, enseñar y educar. Creo que por eso a mis 94 años siento la satisfacción de que me recuerden y verlos, como Lesbia, útiles a la Revolución, escribiendo para los niños, reconocidos por el pueblo y el país”, dice con la sonrisa que jamás borra de sus labios.

La destacada escritora tunera Lesbia de la Fe Dotres comenta su perseverancia y amor para ser durante 40 años la primera en llegar. “Sí, trabajé allí todo este tiempo, pues cuando triunfó la Revolución seguí. Ahora soy una anciana feliz. Camino mi ciudad que cada día está más linda, tengo el cariño de mis estudiantes y de mi familia y disfruto estar bien cerca de los 100 años…Tal vez no llegue, pero míreme aquí…”

Nadie puede dudarlo. Trasmite optimismo, alegría…. Conversa con fluidez y firmeza, recuerda. Y tampoco olvida la “manía” de dar un consejo como quien ofrece una flor, en días donde un gesto de apoyo o alerta vale todo el dinero del mundo.

“Las cosas y el tiempo cambian, pero nunca se puede perder la vocación. Hoy los jóvenes tienen lo que jamás otros tuvieron. Aquí en Las Tunas, aunque siempre fue una ciudad limpia y bonita, no soñamos con tanto desarrollo. Estoy jubilada, pero me gustaría decirles que estudien y aprendan, que no es lo mismo que pasar de grado o aprobar un examen”.

Pide disculpas. Del otro lado de la calle central de la ciudad, la populosa Vicente García, una hija la espera para llevarla a tomar helado. María Sánchez es así, limpia, ordenada, exigente, previsora y especial como lo fue el colegio donde tejió sueños y sembró semillas no aptas para el olvido de los siglos, porque, sencillamente, quería y sabía cómo hacerlo.

Lesbia le despide con un beso y yo, que no dejo de impresionarme siempre que confirmo que en la sencillez está  la grandeza, sentí la percepción de que ese afecto no era personal… es el que le hubieran gustado dar generaciones enteras de tuneros que no olvidan a María, la conserje del colegio Victoria de Las Tunas.