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El único autógrafo digno de un hombre

es el que deja escrito con sus obras.

José Martí

Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: Lloansy Díaz Guerrero

Cuando en marzo de este año Duniezqui Guerrero de la Cruz decidió tomar en usufructo el organopónico El Tunerito quizás muchos escépticos pensaron que estaba loco si, en medio de la sequía y con tal deterioro del local y la mayoría de los canteros, podía echar “pa΄lante”.

Él tenía todo bien claro en su cabeza, y en el corazón la voluntad de servir y ganar honradamente lo que manos y tierras regalan ante un serio pacto de amor, trabajo y sacrificio. Mercamás, ubicado en la avenida Carlos J. Finlay, perteneciente a la Agricultura Urbana y enclavado en la zona del Reparto Militar Camilo Cienfuegos, dos meses después recibe alrededor de 200 clientes al día de esta ciudad y otros municipios, atrapados por la variedad de la oferta y la peculiaridad de la unidad.

AL QUE BUEN ÁRBOL SE ARRIMA…

Como padrino y guía tiene Duniezqui a Argel Fundora, pionero en la provincia de esta nueva forma de comercialización, la cual prioriza la calidad de las hortalizas, legumbres, vegetales, frutas, encurtidos y viandas y la asequibilidad de los precios, no solo en la temporada alta de las cosechas, sino el año entero.

“Fue Argel quien lo bautizó como Mercamás – el suyo es Mercasa-. Yo tomé su experiencia y la mejoré con una mayor variedad de productos, entre 25 a 30 como promedio. Igual ha sido vital el apoyo, orientación y asesoramiento del subdelegado de la Agricultura Urbana, Luis Manuel Peralta, y Freddy Rivas, director de la Granja Urbana, la cual abastece al organopónico de materia orgánica e insumos para los 64 canteros, de los que tengo ya más del 80 por ciento sembrados”, argumenta Guerrero de la Cruz.

Del cielo no caen los frutos ni los cultivos paren con varitas mágicas. Esta verdad la aprovecha al dedillo el nuevo administrador de “El Tunerito”, quien incluye en su lista de éxito y colaboradores a sus seis obreros, tenaces y perseverantes como él en mantener calidad y precios a la altura del poder adquisitivo de la población. Allí todo es más barato que en el resto de los mercados, se vende por libras y el pesaje es digital, y los cambios en la política agrícola son evidentes: el salario de los trabajadores, de 230 pesos anteriormente, subió ahora a 600.

“Esta apertura comercial – agrega el Ingeniero Agrónomo Guerrero de la Cruz- permite que uno pueda comprarle a los campesinos y vender cualquier producto como viandas, granos y hasta maíz, una de las opciones que contemplo en los planes inmediatos de desarrollo y ofrecerlo listo para hacer tamales, frituras y harina, según decida el consumidor. La idea es que el cliente cuando llegué aquí encuentre y lleve lo que busca, por eso el logotipo del lugar, Yo tengo de todo”.  

SE PUEDE SATISFACER AL PUEBLO

Egresado en 1996 de la carrera de agronomía en la Universidad Vladimir I. Lenin, Duniezqui ama la tierra y disfruta el verdor de las posturas y sus cosechas. Quizás por eso, el sol le calienta las manos apenas abre sus rayos en el horizonte y la noche, aún cuando no salga la luna de paseo, le sorprende en “El Tunerito”.

Encontrar también precios justos y equilibrados con la calidad, como las libras de cebollas blancas y mango a ocho y 1.50 pesos, respectivamente, junto a buenos racimos de remolacha a $ 3.00, igual que la zanahoria, por citar algunos, están en correspondencia con la unanimidad de criterios de los clientes, quienes entre la prisa por comprar y llegar pronto a casa, daban sus votos positivos y prometían volver.

En la comunidad el impacto es grande, pues no tenían ese servicio y agradecen la satisfacción que sienten al poder adquirir alimentos necesarios para la salud sin sentir la sensación de saberse “robados”, sea por la mala presencia de la oferta, la exagerada carestía o el incorrecto pesaje.

Mercamás no es una utopía. La tierra pare cuando le acarician con sudor. Duniezqui Guerrero y Argel Fundora en esta ciudad Balcón saben y lo demuestran. Mientras cae la tarde, el regadío alimenta las semillas de esos frijoles que Raúl Castro dijo una vez eran tan importantes como las ideas. Se puede dar como pide el pueblo y el país. En la obra de estos ingenieros están decoro y evidencias de mano. Multiplicaos.