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Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: De la Autora

Tal vez el forastero no sea el único en asombrar su mirada cuando transita por el amplio Bulevar de Las Tunas, indiscutiblemente marcada por los frescos aires del Proyecto Imagen y el empeño de las direcciones políticas y gubernamentales de sacarla del marasmo aldeano con el cual transitó las últimas décadas del pasado siglo.

El sello de la artesanía distintiva de estos predios anda por doquier, entre el blanco reflejo de las losas del piso  y el colorido que regalan los modos de vestir y el estilo de los tuneros, apegados a las novedades y dados a caminar la ciudad sin el ritmo cansón de la rutina, aún cuando el trayecto sea un obligado ir-venir por cuestiones de trabajo, estudio o demandas domésticas.  

La diversidad de ofertas de joyería, souvenir, carteras, cintos, adornos y útiles para el hogar compite con la venta de perros de raza, periquitos australianos y un canario amarillo, avecilla cantora que atrapa a los más pequeños y suele convertirse en un dilema temporal por cuestiones de precios, tema recurrente en la economía de los tuneros –léase país- frente a las ofertas del mercado privado y estatal.

Con todo, la ciudad está linda en sus nuevos ropajes aunque la primavera simule una excusa de los calendarios y distante de una real temporada de agua lluvia, a pesar de que en los últimos días de abril y la primera decena de mayo desparramó tormentas locales severas, inundó calles, regaló granizos y todavía está en la memoria de muchos, aquí y en otras regiones cubanas donde igual dejó sus huellas y sorprendió el aguacero.

El sol y el calor persisten y los sentimos muy intensos cada vez, mientras el asunto del cambio climático pierde escala como pronóstico científico previsor y argumentado para convertirse en un tema de reflexión doméstica o social, a fuerza de tanta evidencia en la Isla y el planeta y hasta algunos bien entraditos en años predicen su anómalo comportamiento por el dolor de los huesos, las alergias o malestares generales, también incongruentes y raros.

La ciudad no pierde belleza a pesar de todo y ves a su gente andar por el Bulevar con prisas propias, curiosear aquí o comprar allá. Deleite que, de cualquier manera, alimenta el ánimo y siembra una sensación de estar en otro lugar distinto. Ciertamente lo es. Las Tunas de esta historia del siglo XXI no será jamás aquella de largas ausencias de semáforos modernos, glorietas y retretas en el parque Vicente García, rodeado otrora de comercios  y sitios con deteriorados rostros coloniales.

Es diferente, incluso, en la manera de caminar de quienes ganaron la centuria y cuentan sus experimentadas vidas apoyados en un bastón, auxiliados por una silla de ruedas o sostenidos en el brazo de un familión bien grande dentro y fuera de casa, detalle que tampoco podrán ignorar los tuneros de la nueva era, pues acá existe la mayor esperanza de vida al nacer en Cuba (79,28 años).  

… Una tarde… hoy… quizás mañana en cientos de lugares de la tierra… la ciudad preñada de encantos y los tuneros en su cabalgadura…orgullosos y sudados…optimistas sobre la carretera de sus sueños y a la espera de un verano que casi abre sus brazos a los días de mar y descanso. No importa que el transporte público esté todavía por debajo de la demanda y se vaya apretadito en los angostos pasillos de la guagua.

Vivir es un reto y acá, por suerte, amanece la esperanza y se lleva de regreso a casa, donde alguien espera para compartir el beso de la ciudad siempre despierta …” y el tiempo se burla de los límites que le inventamos…y vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible…”, como dijo Eduardo Galeano justo al nacer el milenio.