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Por Graciela Guerrero Garay       Fotos: Naomi Cortés Pérez

Cuba está llena de puentes hacia el cielo, quizás lo que sucede es que no todos sepan encontrarlos o darle justo nombre cuando lo tienen delante. En esto pienso al ver las riquezas naturales que encierran los Jardines Botánicos de la Isla y me contagia el entusiasmo que traen las pequeñas Lesyanis Cortés y Sheila Tania, quienes visitaron ese hermoso paraíso en Las Tunas.

Niñas al fin, le agradezco a sus mamás que escogieran llevarlas allí después de montarlas en cuantos aparatos pudieron en el Parque de Diversiones, cercano a la instalación que encierra un tesoro inigualable de especies botánicas, entre ellas unas 120 plantas categorizadas como amenazadas y que logran reproducir, a la vez que alcanzan un 90 por ciento de supervivencia de diversas especies.

Ese bello trabajo debe ser mostrado justo a los más pequeños y jóvenes que, gracias a la modernización y la urbanización que trajo consigo la creación de edificios multifamiliares por doquier,  se pierden en cifras que pueden ser significativas el placer enorme de ver crecer una plantita, sembrarla por sí mismos o tener un jardín frente al portal o en los interiores de los patios, aún cuando la escuela los lleve al huerto y el ornato público les regale flores por las calles y paseos.

“No es lo mismo – me confiesa mi vecina Marisel Rodríguez- lo que uno puede lograr en un macetero o cualquier vasija apropiada para los pequeños balcones, que esos floridos jardines donde crecimos los más “viejos”. Incluso, hasta el aire y el clima de hoy malogra que puedan estar bonitas a estas alturas”. 

Al mirar en derredor observo que, en efecto, muchos balcones tienen plantas ornamentales junto a tanques para almacenar el agua que escasea y otros objetos que, objetivamente, hay que ponerlos allí pues los apartamentos no fueron diseñados para enfrentar el crecimiento familiar, tanto de seres vivos como de trastos domésticos. En otras muchas no hay nada.

Quiero seguirme contagiando con las algarabías de Lesyanis y Sheila y apresuro a descargar en mi computadora las fotos. Un puente hacia el cielo. Y recuerdo entonces que unos colegas escribieron sobre las interesantes investigaciones que realiza este colectivo tunero con las poblaciones de palmáceas y cactáceas, y su inclusión en un proyecto internacional para el estudio de las familias de las zamias, categorizadas fósiles botánicos vivientes.

No dudo. El Jardín Botánico de Las Tunas – como todos los existentes en Cuba- son sitios ideales para echarle una gota de amor al alma y alimentar el espíritu. Tampoco sería loco planificar más visitas dirigidas a estas sedes por parte de los centros estudiantiles y fabriles, incluirlos en los paquetes turísticos de la Isla y acercarlos más a todos, con pensamiento didáctico-cultural-identitario.

Tal vez llegó el momento de no dejarlo a la espontaneidad o iniciativa de minorías o conformarnos con ver tanta belleza natural por fotos, audiovisuales o algún que otro reporte periodístico. Valen mucho, creo, dentro de ese concepto imprescindible de hacer hoy de la recreación sana un camino directo a ser más plenos como entes sociales y humanos.