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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: De la Autora

Ernesto Gamboa medita y relata que ahora, allá en el municipio de Majibacoa, un particular entregó un terreno para construir un círculo infantil. Estas instituciones desempeñan un punto clave en el subconsciente- consciente de los futuros padres cuando se sientan a armar el crucigrama de sus vidas, bebé en brazos.

Al conversar con la Máster Yamilka Igarza Chacón, subdirectora de la Educación Preescolar y Especial en el municipio Majibacoa, señaló que, en efecto, tienen el terreno aportado por un residente y los estudios realizados, pero no está aprobada la inversión, la cual aliviaría las demandas actuales de las madres trabajadoras.

Majibacoa, a unos 18 kilómetros de esta capital, tiene un solo círculo infantil, ubicado en el poblado de Vivienda y su ubicación geográfica anula la opción de matrícula para los pequeños de Calixto, Las Parras. Gastón, Providencia y Omaja, amén de no suplir las solicitudes actuales por falta de capacidad.

En los restantes municipios el panorama no es diferente. Las demandas superan las disponibilidades y no hay aprobada ninguna inversión en ese sentido, aseguró la Máster en Ciencias de la Educación Preescolar y Metodóloga de Otorgamiento de Círculos Infantiles, Elizabeth Hidalgo Fuentes.

Excepto Las Tunas, donde existen 14, hay uno en Jesús Menéndez y Manatí (incluida Majibacoa); dos en Colombia, Jobabo y Amancio, y cinco en Puerto Padre, para totalizar 28 en el territorio, donde en los últimos 25 años disminuyó notablemente el incremento del número de habitantes, actualmente en 535 mil 28 y entre los cuales predomina la masculinidad, a la par que es de los más envejecidos y esta tendencia marcará puntos para el 2025.

PASOS ADENTRO DEL DIÁLOGO

Como joven y futuro Médico, Israel Álvarez ve el fenómeno de la paternidad más allá de la cerca donde se puso en puntillas para recibir con el corazón a Isabela. Ahora sabe cuán complicado es llevar al unísono la responsabilidad de estudiar, tener un hijo y no contar con independencia económica ni hogar propio para formar su familia.

Es vital pensar en eso – dice- y no porque uno aspire a una vida holgada, sino porque el estudiante no gana y todos los alimentos y enseres de canastilla están caros, incluso para quienes reciben salarios altos. Otra cosa es que, generalmente, los varones nos graduamos con 26 años y las hembras entre 23 y 24, más maduros y el deseo de coger una especialidad, desarrollarnos como profesionales, cumplir una misión.

Otros universitarios, entre los cuales las hembras tuvieron más voz, coincidieron en que si procrear es inadecuado en la adolescencia, también lo es recién graduado, cuando pueden comenzar con autonomía propia sus proyectos de vida. “Si tenemos condiciones, o la familia se encarga, puede ser…”, resultó la respuesta común entre las entrevistadas. La mayoría la asume por causas clínicas o por la presión paterna.

Por su parte, unos diez abuelos dijeron a 26Digital que asumieron la custodia de los nietos por razones inevitables, además de los canales afectivos presentes, pero  no fue fácil sostener la armonía familiar. Un grupo sufre la ruptura de esas uniones precoces y el distanciamiento paternal de que es víctima la niña o el niño.

Otros señalaron que hoy pueden dar un apoyo más directo porque se jubilaron, sin embargo “tenemos la salud resentida para llevarlos de la mano, mientras sus padres continúan los planes de estudiar, trabajar y superarse”,  enfatizaron.

La mágica palabra hogar no salió entre los encuestados con el color rosa de las novelas de amor, sino como una necesidad vital para que los matrimonios, al margen de la edad, gesten, críen y formen sus familias a partir de estilos propios.  La convivencia de varias generaciones bajo el mismo techo y hacinados, incluso, es tan frecuente como las discordias y las razones de muchos divorcios.

“Es un problema real – apunta la doctora Matos Espinosa- y limita a la mujer, aún cuando esté en la etapa fértil idónea, considerada por encima de los 19 y por debajo de los 35 años.  Quienes llegan a la realización profesional cambian de mentalidad y se trazan metas, en los que cuenta la economía, la vivienda, la superación, los viajes. Entonces postergan la maternidad por otros intereses vitales para ellos y mantener un hijo es muy costoso, igual que un embarazo”.

La realidad hace coincidir criterios en los grupos que tributan o sostienen el núcleo fundamental de la sociedad, la familia, y en quienes después se encargan de formar el gen que pone un punto rojo en los indicadores demográficos, tema que traspasa la puerta principal del deseo de parir y debe mirar las barreras reales de sus protagonistas.

A TODO RIESGO

Con estas limitaciones, los hijos serán siempre un soplo de vida para las parejas, pero ello no minimiza los obstáculos a salvar para garantizarles una vida sin sofocos familiares y con la estabilidad emocional implícita en su crianza. Como entes sociales, la llegada de la cigüeña no siempre trae alegría perpetua, porque un ser vivo no es una utopía.

La gravidez tampoco es un juego de muñecas, donde papá va a la montaña y mamá queda en la falda de la loma. Cualquier etapa tiene riesgos y exige responsabilidad y compartimento, sanidad corporal y mental para la madre y un espacio donde exista tierra fértil para que nazca la semilla.

“Los embarazos en la adolescencia tienen gran impacto, dentro de la familia y el sistema de Salud. Los riesgos genéticos se incrementan porque muchos se captan después de las 12 semanas, por lo que se pierden estudios vitales para el primer trimestre, donde se buscan marcadores para Síndrome Down y otras cromosomopatías”, indica Tamara.

En la mujer adulta la edad también tiene riesgos. “Después de los 37 se les propone estudios genéticos; algunas no los aceptan por creencias religiosas y tabúes que existen en determinadas personas o familias. Aunque siempre se respeta la decisión de la pareja. Hay que decir que en la maternidad avanzada el Síndrome Down es proporcional con la edad, es decir, más años, más riesgos.

“Si hablamos de cifras – puntualiza- atendimos en el 2014 unas 216 gestantes adultas, contra 240, en el 2011; y 176, en el 2012. Adolescentes, el año pasado, menores de 14, ocho; entre 14 y 15, 70; y en total fueron 475, contra 453, en el 2012, y 540 en el 2011. Si un consejo podemos dar es que la maternidad debe darse con todas las condiciones creadas y en la edad fértil adecuada, para tener ese niño o niña saludable que quiere la familia y necesita la sociedad.”

Sin dudas un complejo problema que no puede resolverse de hoy para mañana, pero tampoco verse en blanco negro. Las tuneras, cubanas al fin, hacen resistencia a tener hijos cuando toman el lápiz y sacan cuentas, no solo económicas, sino también espirituales. Tal vez lo funcional sea no hacer volar a la cigüeña sin rumbo fijo. Lo mejor es llevarla a un nido seguro, en paz y con el suficiente amor para que quiera volver.