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Por Graciela Guerrero Garay   Foto: De la Autora

Es un tema recurrente, pero sin resolver. Ojalá – al decir del cantautor Silvio Rodríguez- pase algo  y acabe de recoger la basura que “adorna” la ciudad y sus comunidades, en áreas de gran concentración poblacional y donde es penoso ver el irrespeto compartido entre los vecinos – que tiran sus bolsas residuales sin mirar dónde- y Servicios Comunales que no hace las recogidas a tiempo, a juzgar por el panorama que uno encuentra al caminar por las barriadas.  

La transitada Calle 42, del reparto Santos, paralela a la línea del Ferrocarril, simula un tiradero al estilo de la gustada novela brasileña Avenida Brasil. No hay un solo metro en que no existan papeles, nylon, restos de árboles secos o recién podados, estiércol de caballos y cualquier desecho, en medio de la hierba, al borde del camino (porque todavía por allí no se concibe, al parecer, ningún proyecto integral que incluya aceras, jardines, luminarias, etc.) y en plena vía.

Sin embargo, la situación más precaria e intolerante está en la intersección de la 42 con la avenida Primero de Enero, donde existe un llamado Punto de Polvillo, que es el lugar destinado por Comunales para que los trabajadores encargados de limpiar los contenes viertan los residuales de sus áreas. El tema es que no lo recogen como debe ser, se acumula y las personas, irresponsables también, lo han convertido en un desagradable vertedero, el cual crece por día y hasta los cocheros aprovechan para vaciar ahí los colectores de sus bestias.

La situación fue crítica para fines de diciembre y el inicio de año. Al conversar con el delegado del Consejo 18, Ricardo Romero Drake, nos comunicó que aunque está ubicado en el Consejo 5, involucra a la comunidad por ser limítrofe de ambas zonas, y coincidió con el criterio de residentes y transeúntes en que la mala calidad en la recogida de sólidos en los basureros –los populares “yeyo” – ayuda a no percibir la limpieza y coexista esa imagen de insalubridad, minutos después del acopio de la basura.

Sin embargo, los ciclos de recolección igual parecen estar muy desordenados porque según afirman los vecinos y el Delegado, hace más de un mes y medio que no pasaban por el punto localizado frente al Edificio 42 y esa realidad sucede más allá de las fronteras de los repartos Santos y Buena Vista, pues lectores de otros barrios periféricos reportan las mismas quejas y malestares.

El asunto no es nuevo y vale reiterarlo. Por varios canales de comunicación y los Medios de Prensa, una y otra vez, la recogida de basura, el desbordamiento de fosas, el deterioro de las calles, “los parches asfálticos” que causan más desniveles viales que los propios baches, los solares enyerbados y la poca higiene de esta capital estuvieron en la mirilla durante todo el 2014.

A inicios del 2015, los tuneros se preguntan si se mantendrá esta situación, pues el centro de la ciudad no es el ojo del camello. Todos confían en que, al despertar, el basurero no esté ahí y la frase no sea una parábola de cierta obra literaria.  Las Tunas tiene que ser una ciudad limpia, piel adentro. Solo así podremos hablar en voz alta de imagen y cambios.