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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: Cortesía Familiar

En el 2011 publiqué la historia de Lía Rodríguez, una niña tunera que nació con malformaciones congénitas en  el paladar y tuvo que someterse, en los primeros años de vida, a tres complicadas cirugías. Aquella vez parecía un milagro que regresara a casa totalmente cambiada, pero regresó.

Tres años después encuentro a la pequeña correteando entre el grupo de niñas y niños que se prepara para ingresar a la enseñanza primaria, bajo el alcance del programa “Educa a tu Hijo”, el cual en este territorio beneficia a más de 25 mil infantes y madres al poner en sus manos herramientas que facilitan los caminos para la adaptación a la escuela, al tiempo que atiende a quienes tienen necesidades educativas especiales.

Lía, con su carita sin mostrar apenas huellas de aquella aguda deformación facial, está entre las pequeñas que reciben actividades específicas para la estimulación del lenguaje, una dificultad consecuente de la anomalía congénita que presenta y subsanada, poco a poco, en los tratamientos quirúrgicos y especializados al que fue sometida para tener una vida intelectual-educativa adecuada.

Sus padres, Iosmel y Yanetxy, están totalmente agradecidos de los distintos médicos y especialistas de las provincias de Holguín y Las Tunas donde indistintamente atienden a la niña, mientras que aseguran a 26 Digital que el Programa Educa a Tu Hijo- popularmente identificado como las Vías No Formales- “es una de las tantas cosas bellas que ocurren en Cuba para ayudar a la familia y sus hijos a llevar una vida más plena. Y todo totalmente gratuito”, puntualizaron.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) reconocen la valía de este proyecto cubano, el cual abarca las zonas rurales y permite la socialización de los infantes que no ingresan a los Círculos Infantiles por estar  la demanda por encima de las capacidades reales, como en este territorio donde existen más de dos mil solicitudes pendientes de respuesta, aún cuando otros cinco mil 135 niñas y niños están matriculados en las 28 instituciones existentes.

Lía sonríe entre la algarabía de sus compañeros y yo siento lo que ratifica una abuela con la emoción colgada del lagrimal de sus ojos: “Esto es único. Mírelos… mi hija está presa porque me falló… pero Albertico es feliz aquí y yo sin el “Educa” no sabría qué hacer. La Revolución es grande, por favor escríbalo ahí”.