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Por Graciela Guerrero Garay      Fotos: Ernesto Peña (Archivo)

Cuando se difundió la noticia de la llegada de los cajeros automáticos a Las Tunas, en las redes sociales, algunos que le hacen el juego anticubano a sus archiconocidos detractores desestimaron el hecho y se mofaron de su relevancia. ¡Era ridículo a esta altura del siglo XXI!

Sin embargo, esas personas dejaron al margen que este territorio fue hasta la década del 70 uno de los más atrasados del país y la urbanización –todavía inacabada a pesar de tanto y todo- solo tenía débiles tonos en las ciudades de Puerto Padre y esta capital. El resto, prácticamente, era campo (monte, al buen decir cubano). El 20 de enero de 1978, en el acto de inauguración de la Terminal de Azúcar a Granel de Puerto Carúpano, el Comandante Fidel Castro lo confirma:

“Ya Las Tunas se ha convertido en una provincia. No es una provincia rica, todavía no es una provincia rica. Digamos que Las Tunas está menos desarrollada que otras provincias. No la vamos a llamar pobre, no podríamos decir que es pobre. No la vamos a llamar Cenicienta. Este título lo tenía la provincia de Pinar del Río. Vamos a decir que es una provincia menos desarrollada que otras provincias del país; por unas razones o por otras. Son causas históricas…”

El despegue, ciertamente, llegó después de la división político-administrativa, como igual se recrudeció el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos a Cuba. En fin, que para los tuneros la luz del progreso social ha sido un parto de esfuerzo, intenso y gradual. Por eso, cuando hoy se electrifican intrincados parajes de su geografía, en la era de la cibernética, cientos de corazones laten de prisa y confirman que un mundo mejor es posible.

No es un asunto político; es humano, popular, revolucionario, objetivo y lleno de soles que no eclipsan las manchas. Así lo testifican las más de catorce familias beneficiadas con este servicio en la comunidad rural “El Café”, del municipio Jobabo, una localidad que no hace mucho la distinguían los conucos y las finquitas; carente de consultorios médicos; escuelas con equipamiento tecnológico y de aspectos esenciales para que sus moradores vivan de manera sana y en correspondencia con las peculiaridades, desempeños y oportunidades que supieron aprovechar.

La Empresa Eléctrica eliminó tendederas y aliviaron las interrupciones y los bajos voltajes en la municipalidad sureña. Por el resto del territorio no fue menor el empeño y el 2014 significó el “alumbrón” para cientos de tuneros. En declaraciones al sitio digital Tiempo21, Elsida Ávila Rodríguez afirmó: “Aquí toda la comunidad está muy satisfecha y contenta; imagínese cuántos equipos podemos comprarnos ahora…, eso es calidad de vida”.

El trabajo de optimizar la conexión y llevar la electricidad a las comunidades que no tienen el servicio abarcó también los municipios de Jesús Menéndez, Puerto Padre y Las Tunas, en los cuales las mejoras y sus beneficios alcanzaron a las instalaciones económicas y sociales y, de hecho, eso debe repercutir en una mayor eficiencia y factibilidad para desarrollar los programas del presente año.

Estas verdades enriquecen las razones por las cuales está provincia, sin minimizar ninguna de sus complejidades económicas, sociales y demográficas, no es la misma que la de años atrás y cada día avanza donde el subdesarrollo pervive porque la falta de recursos, el costo de las inversiones y las limitaciones objetivas del país no pueden llegar a todos lugares al mismo tiempo, aún con férreas voluntades humanas y políticas.

Cierto es que mientras la reciente cumbre de la CELAC, clausurada este jueves en Costa Rica, denuncia la pobreza de una importante mayoría de los habitantes de las naciones del área americana, a pesar de los esfuerzos conjuntos y las tendencias de mejorar la vida de los pueblos, acá se hace luz y hay garantías de que mañana será mejor.

Cuba alumbra, mientras el mundo oscurece. Las Tunas con más del 98 por ciento de su extensión territorial electrificada en el 2015, con cientos de nuevas bombillas encendidas, gente más feliz y un futuro que se acerca nítido, acuñan la certeza.