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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

El sol suele estar bien tibio por las mañanas, la mayoría de las veces, en esta parte del Oriente de Cuba, aunque nunca comparable como cuando el reloj apunta al meridiano. Sin embargo, los tuneros no asocian al calor su predilección por esa bebida natural y nutritiva salida de la caña, el guarapo, y lo toman a cualquier hora del día.

En la Guarapera “El Crucero”, cuyo nombre surgió por su cercana ubicación a una de las intersecciones principales de esta ciudad con la línea central del Ferrocarril, la afluencia de público desmiente los posibles supuestos de que los refrescos enlatados, la Coca-Cola, los jugos de frutas u otros refrigerios le robaron su primacía,  dada sobre todo por los emigrantes haitianos llegados a la Isla en los siglos XVIII y XIX.

La historia cuenta que soportaban sus largas jornadas en el corte de caña gracias a las viandas cosechadas en sus conucos y tomando guarapo, el cual sacaban de manera artesanal. El elevado contenido de azúcares, proteínas y calorías que posee lo convierte en una bebida energizante magnífica, cuyo índice de sacarosa depende de la variedad de la gramínea y su punto de maduración.

Esteban Socarras López, el representante de la Cooperativa (CCS) Fortalecida Niceto Pérez, de Las Tunas, y quien administra la guarapera, no esconde el orgullo de poner diariamente en las manos de más de 700 tuneros un vaso del gustado líquido, la merienda preferida de los estudiantes de la vecina secundaria básica “Máximo Gómez”.

JUNTO AL TRAPICHE

La mayoría de quienes hacen un alto en la calle Aquiles Espinosa para tomarse un vaso de guarapo –al precio de 50 centavos – desconocen que esta bebida podría ser oriunda de islas canarias y particularmente conocida en Cuba, Panamá y Venezuela. Tampoco saben que las enciclopedias cuentan que en el mexicano estado de Tabasco, durante la época de la colonia española, en el siglo XVI y con la introducción de la caña de azúcar proveniente del Caribe, los indígenas chontales empezaron a elaborarlo a partir de fermentar el jugo, utilizado particularmente en las fiestas y celebraciones.

Sin embargo, aquí la cultura popular olvida el conocimiento didáctico y se deja atrapar por su poder nutritivo, refrescante y dulzón en momentos en que la sed le cubre la garganta y el sudor le moja la ropa. Los más viejos siguen una tradición que viene desde los lejanos tiempos de los tatarabuelos, cuando los colonizadores españoles trajeron la Saccharum officinaron (caña de azúcar) a Cuba, una gramínea oriunda del continente asiático y la cual se convirtió en su primer renglón económico.

Puede ser esa la razón especial que mantiene activa a “El Crucero” por más de una década y que el trapiche no se detenga desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde, aunque verdaderamente la calidad del guarapo es envidiable y lo avala el certifico de varias inspecciones locales y nacionales, con el otorgamiento del primer lugar en Higiene durante el 2014, el buen trato al público y la estabilidad del colectivo.

Israel Durañona no se detiene un segundo, consciente de que únicamente así evita colas en el mostrador y el compás de espera es mínimo. Pasa una y otra vez la caña entre los rodillos y el espumoso jugo sale claro, como resulta agradable. Mientras, Maritza Rodríguez, Sonia Santiesteban, Eglenni Labrada y Laudy Báez se encargan de que esté bien frío, las vasijas reluzcan y los clientes disfruten de un servicio esperado siempre, tanto en Las Tunas como en el resto del país.

“El trapiche es fácil de construir – explica Esteban- y garantizamos que la caña sea de máxima calidad, porque de eso depende su sabor y color. Hay que consumirlo al momento, pues en minutos se pone oscuro y esta propiedad es la que impide, por ejemplo, que pueda embotellarse o no resulte tan sabroso al paladar horas después”.

EPÍLOGOS PARA MAÑANA

La mejor guarapera de la “Niceto Pérez” es un concurrido “crucero” y su  constante llegar y partir de personas recuerdan ese viejo poema de Mario Benedetti donde “los barcos llegan y se van”. Es tan cubana la estampa como la rotunda respuesta de la alegre María, una anciana que desayuna y merienda con guarapo, “para estar siempre llena de energía, porque mi abuelo decía que esto era vida y a ese viejo no lo cansaban ni los bueyes ni el ara΄o.  Desde chiquitica lo tomo y mírame, estoy entera”.

Y con un gesto apunta hacia los escolares que llegan a comprar el bondadoso jugo de la caña de azúcar, como indicando que ahí está lo mejor de esta historia… en su preferencia entre los más jóvenes para conservar una tradición alimentaria sana y que por siglos fue el sustento de millones junto al cañaveral, dentro de los ingenios y los bateyes cubanos.