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Por Graciela Guerrero Garay    Fotos: De la Autora

Creo que todas las mujeres hemos sido víctimas de la violencia en cualquier momento de nuestras vidas, a veces de una manera más traumática que otra, me dice Rosa Tamayo, quien lleva cerca de dos décadas como Secretaria de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en el Bloque 68-A del municipio Las Tunas.

En su memoria hay vivencias de muchas congéneres que tuvieron que enfrentar el arraigado machismo del cubano para incorporarse al trabajo, asistir a un evento o disfrutar del estímulo de una simple excursión, ganado a fuerza de llevar sobre los hombros el insomnio de las jornadas laborales y domésticas, sus roles maternales propios y las obligaciones filiares con los padres o familiares cercanos en problemas.

Igual la desconsideración institucional ante urgencias o imprevistos hogareños con el descuento de la jornada de trabajo, sin valorar que la contrariedad se les escapaba de las manos. Incluso, hasta la violación de las leyes constitucionales que les conceden derechos bien tipificados en resoluciones y decretos, pero interpretados o manejados según la visión de ejecutivos, jefes inmediatos u organizaciones destinadas a representarlas y defenderlas.

Este camino tiene menos piedras que años atrás. Sin embargo el avance en conceptos de igualdad de género, oportunidades, equidad y el arduo enfrentamiento a la violencia femenina todavía, para las propias mujeres, dista mucho de entrar piel adentro en un asunto que si bien salió de las gavetas domésticas aún camina cojo dentro y fuera de casa.

Para la sicóloga clínica, asistencial, docente e investigadora tunera Leonor Báez Sánchez los tipos de violencia más recurrentes son la verbal, física y sicológica, esta última la de mayor secuelas y relacionada muy directamente con el entorno familiar, el nivel de escolaridad y los conceptos de autoestima de la persona.

Para Báez Sánchez el fenómeno del alcoholismo, la drogadicción y el bajo nivel de tolerancia a las frustraciones contribuyen y funcionan como causales de la prevalencia de esta agresividad contra las niñas y las mujeres en nuestro medio, donde esta jornada internacional genera un conjunto de actividades locales, provinciales y nacionales encaminadas a decir NO a este flagelo emocional y social, caracterizado como una de las formas más injustas de discriminación de género y otro de los fuertes males que echan raíces en el siglo XXI.

En el mundo una de cada tres mujeres son víctimas de la violencia, a pesar de los pasos largos que dan organismos, instituciones, organizaciones y países –incluida Cuba- para combatirla y lograr una equidad auténtica de género, en la cual el yo no asesine al nosotros y el respeto sea la puerta que consolide la aceptación de nuestras diversidades, con y desde el amor a uno mismo y a la vida.

Mirar más allá de la violencia con sonrisas y mimos de mujer tal vez sea, como dicen estas dos intensas mujeres tuneras y cubanas, la vacuna que necesita el machismo, no importa dónde ni cómo se manifieste, para dejar de clavar espinas a las flores que le dieron el milagro de existir.