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Por Graciela Guerrero Garay

El agua para los cubanos es un problema que hace “picos” cotidianos en muchos lugares de la Isla sin convertirse en un caos, aunque el malestar de la gente dependa desde la personalidad de algunos hasta el derroche de otros. Sin embargo, con todos esos problemas y más, nadie muere por consumirla sucia.

Una noticia difundida por el sitio www.Cubasi.cu difunde el debacle: “Cada 20 segundos muere un niño en el mundo por falta de agua potable” y puntualiza que la Organización No Gubernamental Oxfam Intermón denunció que anualmente un millón 555 mil 200 niñas y niños menores de cinco años mueren por culpa del consumo de agua sucia y las enfermedades vinculadas con ella: diarrea, malaria y afecciones respiratorias.

No es novedad que la falta del preciado líquido en el planeta, el cambio climático y el irracional consumo que le damos podría originar lo que algunos bautizan ya como la guerra del agua, pero de ahí a chocar con una cifra de ese tamaño y saber que esas enfermedades son curables, es un hecho que mi cabeza no asimila de pronto y levanta el orgullo de saberme cubana, sobre todo cuando vivo en una provincia calificada como la de menor índice de precipitaciones del país, con mil 38 milímetros al año y estudios del Centro Meteorológico de Las Tunas advierten el incremento de los períodos de sequía.

Aquí se les lleva el agua en pipa a miles de personas y a lugares donde no es posible obtenerla por otras vías, empero es potable y se mantiene una vigilancia extrema con sus análisis de calidad, aún cuando escasean los recursos hídricos y acuíferos y tampoco sobran otros para la titánica tarea de chequear los parámetros que la hacen apta para el consumo humano.

Sin embargo, el programa de la voluntad hidráulica –emprendido por el Comandante Fidel Castro –permitió crear una red de abasto, la cual de no existir multiplicaría los problemas existentes. Ello permite que los embalses cumplan los requerimientos técnicos establecidos, como acumular las precipitaciones de las temporadas lluviosas sin riesgo alguno para la población, a pesar de que en lo últimos años la mayoría se mantuvo con niveles de llenado inferiores a lo normal.

Según Oxfam, en la actualidad 748 millones de personas carecen de acceso de agua potable. Ahí no califican los cubanos. Con las serias afectaciones ocasionadas por la sequía, el deterioro de la redes de abasto por sus largos años de explotación y no siempre respuestas de respeto a la aplicación de las medidas de ahorro en el sector estatal y privado, los datos del Censo de Población y Viviendas 2012 arrojaron que se abastecen de ella mediante el acueducto dos millones 776 mil 866 viviendas particulares y poseen baño o ducha corriente, dos millones 854 mil 995.

Esa organización puso en marcha una campaña de Navidad con la intención de llevar el líquido limpio a 30 mil personas, porque José María Vera, su director,  asegura que “la falta de agua potable y la mala nutrición es una mezcla explosiva que dispara los índices de mortalidad hasta niveles inaceptables. Cuando los afectados por estas enfermedades son personas tan vulnerables como niños menores de 5 años que, además, están malnutridos, una simple diarrea se convierte en un asunto de vida o muerte”, argumentó.

En Cuba la lactancia materna y el agua apta para el consumo en Cuba son como el sol, sale para todos.