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Por Graciela Guerrero Garay     Fotos: De la Autora

El kilómetro que media entre la escuela y Río Potrero, el afluente que cada octubre se llena de flores en el oeste de esta ciudad, es un trayecto demasiado lejos para los pequeños de la Enseñanza Preescolar, pero ellos tampoco se quedaron sin regalarle su homenaje a los valientes Camilo Cienfuegos y Che Guevara, dos guerrilleros notables en la historia de Cuba y cuya jornada de homenaje acaba con este último día del décimo mes.

Tal vez porque el amor reverdece todo cuanto toca y porque los niños y niñas de ese grado en la “Tony Alomá Serrano” querían una foto de la primera vez que se sumaron a este acto hermoso, las amapolas, las siempre vivas, las rosas, las buganvilias… estaban frescas al desgranar la mañana de jueves y tenían el mismo encanto de ellos al pedirme les tirara una foto.

Verlos ahí… detenidos ante las imágenes del Héroe de Yaguajay y el Guerrillero Heroico, tocar sus rostros con esas manitas que empiezan a descubrir el mundo de las letras, la historia de la Patria y ese paraíso enorme de conocimientos, sorpresas, asombro y socialización  que es la escuela, es puramente altruista y orgullo cotidiano de Yolanda y Waldina, las maestras, quienes palpan la asimilación del trabajo educativo a menos de sesenta días de iniciar el año docente.

Es un hecho sencillo, con certeza descalificable para titular en los grandes medios, más si van a la derecha. Pero este octubre que huele a primavera, con ellos aquí y tanta ternura guardada en estas fotos, me transportan a ese haz de luz y valores que un día me enseñó El Principito: lo esencial es invisible a los ojos, solo se ve con el corazón. Es aquello del grano de maíz, me dije, mientras iban en fila y con los ojillos brillosos hacia el aula.