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Por Graciela Guerrero Garay       

Del impacto emocional que dejan en la psiquis las noticias sobre la letal aparición del ébola en el continente africano nadie escapa. La certeza de la muerte le acompaña como la noche al rocío. Aún así, la isla de todos los cubanos volvió, una vez más, a poner la valentía decorosa y solidaria a disposición de los pueblos sumidos en el dolor de las catástrofes y las emergencias sanitarias.

Más de una veintena de profesionales de este oriental territorio integran el grupo de 62 médicos y 103 enfermeros que brindarán sus servicios en esas lejanas tierras, como anunció el titular del MINSAP Roberto Morales, a mediados de este mes en Ginebra, en respuesta al esfuerzo global coordinado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para enfrentar la mortal enfermedad, la cual afecta por día a un mayor número de personas en África Occidental.

El principio de voluntariedad distingue la selección de los especialistas, quienes acumulan más de 15 años de experiencia y realizaron misiones  en otros países en situaciones de desastres epidemiológicos y naturales.

No son pocos los habitantes de esta provincia oriental que, ante la difusión de la noticia el viernes último en la edición impresa del Semanario 26,  comentan por las barriadas la trascendencia del hecho, por su significado en la contención de un virus que no tiene cura y es altamente contagioso, al trasmitirse por los fluidos corporales y/o objetos contaminados entre animales y personas.

La rápida respuesta de Cuba ante el pedido de la OMS y la ONU corrobora la alta profesionalidad de sus recursos humanos dentro de la Salud Pública, así como los fuertes valores humanos que los caracterizan, méritos reconocidos  a nivel mundial y demostrativos aquí del desarrollo cognoscitivo y material que tiene el sector, a pesar de estar la isla sometida a un cruel bloqueo económico por parte de los Estados Unidos y el rotundo impacto que ejerce sobre el mismo.