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Texto y Fotos: Graciela Guerrero Garay

Después de los abrazos, el asombro ante nuevos detalles de “imagen”, los besos compartidos entre maestros, profesores, padres, amigos y vecinos, los actos y la entrada a las aulas, al caer la tarde de este lunes la gran fiesta escolar del primero de septiembre en Cuba terminó feliz.

La alegría que adornó el amanecer de la Isla no se desdibujó con el declive del día, pues las mochilas que se llevaron vacías regresaban a casa llena de libros, cuadernos de  ejercicios, lápices de escribir y de colores, crayolas, libretas, gomas y acuarelas que hicieron brillar los ojos de los principiantes y revivieron emociones en quienes continuaban su enseñanza primaria.

En las secundarias y el resto de las educaciones no fue menos el sentimiento que embargó a los estudiantes y la familia, muy apegada e identificada con el proceso docente de sus hijos y ente participativo del mismo sin importarles sus edades, por la cultura del saber creada en el país a lo largo de más de medio siglo y el interés real que existe en que alcancen una profesión llegado el momento.

Fue hermoso ver como la confianza y un entorno de absoluta paz y naturalidad volvió otra vez a marcar el primer día de septiembre, mientras todavía por el mundo recorren las drásticas noticias de los miles de niños, niñas, adolescentes y jóvenes muertos en la franja de Gaza y ganar un pupitre en las universidades de muchas naciones significa que los padres tengan cuantiosas cuentas bancarias.

Este martes continuará la alegría y comenzará la ronda de aprendizaje y nuevos conocimientos, oportunidad que hace camino en presente y futuro en el millón 800 mil estudiantes cubanos que están hoy en los centros educacionales de Cuba y, de los cuales, más de 90 mil viven en esta oriental provincia de Las Tunas.