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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Escribo y tengo todavía la duda enorme de cuáles son las razones que los mueven. Hay hechos, sean cual sean las circunstancias, inaceptables, a pesar de que los derroteros humanos demuestran que a todo se le busca una justificación, como sucede en la franja de Gaza con el genocidio contra los Palestinos.

No es ella sola, sobre quien me consta tiene un apartamento y está lúcida, viste con pulcritud y aparenta ser una persona normal. Otros ancianos, igual correctamente vestidos, hacen lo mismo y más de un lector pide tratar el tema para “ver si alguien frena esto o se conoce el organismo facultado para combatirlo”.

La realidad es que, a cualquier hora del día, una puede encontrarlos escarbando en la basura de los depósitos barriales y echando en un bolso los desperdicios elegidos. Incluso, hasta con las manos realizan esta desagradable manía, a riesgo de su salud y la del entorno pues no por casualidad existen sitios exclusivos para acumularlos y recolectarlos. Esta abuela lo lleva a casa, pero otros los portan hasta la farmacia, como sucedió la semana pasada con un señor que decidió después de bucear ir a comprar medicamentos y llenó, con su desmán, de fetidez el ambiente. Le llamaron la atención y siguió allí.

Hay una tolerancia visible ante muchas cosas mal hechas. Sin embargo, el combate corre similar destino: los infractores no se dan por enterados y si el llamado a la cordura lo hace la autoridad –léase PNR o Inspectores-,  les faltan el respeto y se auto convierten en las víctimas más desprotegidas del mundo. Lamentablemente, somos tan buena gente que no son pocos quienes pasan a sus bandos y levantan todo una montaña contra estos funcionarios.

Mientras eso sucede por nuestros basureros, es frecuente que nos interrumpan el camino manos necesitadas de alguna limosna, básicamente frente a las shopping y en sitios populares, céntricos y de amplia concurrencia. Siempre el marketing es el mismo: un hijo enfermo; preso; no pueden trabajar; llevan días sin comer… ¡Y lo proyectan de una manera tal que no hay sentimiento solidario que pueda resistirse!

Al final del día – como nos señaló Maricel Rodríguez- recogen, peso a peso,  más de lo que gana un obrero sudando duro la jornada, porque después una los encuentra cambiando el menudo por billetes en cualquier establecimiento, lo esconden y te piden ahí mismo, en el mostrador. 

Más que conmovedor, parece una tendencia intencional que apunta hacia la degradación de los valores morales, bajo el manto de que el fin justifica los medios o la necesidad y la pobreza los llevan a eso. NO creo que las sombras eclipsen las luces. Malo, bueno o regular, amén de precios y carencias, hay alternativas más decorosas para sobrellevar la vida.

Quizás sea, como dice otro lector, nos acostumbramos a los caminos fáciles y es más cómodo provocar el sentimiento ajeno que darnos el lugar, respetarnos… porque algún pariente han de tener y, por otro lado, bucear bien vestido, portando una bicicleta china, sombrillas o bolsos limpios no recuerdo sean los protagonistas de las historias aprendidas, justamente de los abuelos.

De cualquier manera, están ahí y sus imágenes trasmiten un mensaje que, según el cristal, será verdadero o falso. Y como están, creo, vale ocuparse del asunto pues no son invisibles a los ojos ni tampoco al corazón.