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Texto y Fotos Graciela Guerrero Garay

Una semana y agosto se acuesta a dormir la larga siesta de un año hasta que, por la soberana culpa de los calendarios, vuelva de nuevo a ser la primera hoja de los almanaques. Sin embargo, con el cierre del octavo mes no se va el verano en Cuba, según los pronósticos del tiempo, a pesar de que la mayoría de las personas den por cierto el cierre de la etapa estival.

Puede ser más objetivo afirmar que el domingo 31 concluirá en la Isla el período de vacaciones masivas, planificado por los trabajadores para departir con los hijos en edad escolar su receso docente, tras la terminación de las clases a finales de junio –según el tipo de enseñanza- y el comienzo el primero de septiembre, fecha en que reinician de manera oficial en todos los tipos de Educación, aún cuando hay determinadas carreras donde los nuevos ingresos estrenan las escuelas un poco antes.

Con sus decires y modos, es evidente que Cuba y su gente empiezan a sentir ya esa nostalgia asociada al tiempo, en el cual se rompen las rutinas ordinarias, hay una sensación mayor de relajamiento sicológico y cada quien asume la cotidianidad lo mejor posible, tras dar un orden de prioridad a lo posible, lo pendiente, lo prevenible o postergado.

A la sazón, en las playas, campismos populares, ríos y piscinas la semana parece domingo, día tradicionalmente dedicado a paseos en los meses restantes, o fin de semana, donde igual se potencian las actividades recreativas planificadas a lo largo del año por las instituciones relacionadas con el ocio, aunque cubanas y cubanos gustan del divertimento y aprovechan cualquier opción siempre que pueden.

Sin embargo, con la partida de agosto nada parece indicar que acabará así no más el intenso verano y los fuertes  soles que marcan el tiempo del archipiélago.  Un dato interesante nos aporta la colega Damaris Zamora, del Telecentro TunasVisión, al difundir un estudio del climatólogo Shaun Marcott quien afirma que “el calentamiento global ha cambiado  el clima de la tierra, desde una de sus décadas más frías durante la última Edad de Hielo, hasta una de las más calientes, en tan solo un siglo”.

Otro aspecto a tener en cuenta –destacado en el artículo- refiere que “la tierra era muy fría a principios del siglo XX. La década de 1900 fue más fría que el 95 por ciento de los últimos 11 mil 300 años”. Sin embargo, dicho estudio indica que al finalizar dicha centuria ocurrió lo opuesto: entre el 2000 y el 2009 hizo más calor que en el 75 por ciento de esa misma cantidad de años.

Cuba no escapó de estas transformaciones bruscas del clima y en la vecina provincia de Granma, justo en el poblado de Jucarito, en 1999 los termómetros subieron a 38.8 grados Celsius, para marcar entonces un record histórico, cifra que ya tienen otros lugares del país, donde la temperatura media creció en 0,9 grados en las últimas seis décadas.

Hoy, cuando agosto se lleva el descanso veraniego de trabajadores y escolares de la Isla, en los partes del tiempo – establecidos como espacios fijos en los paquetes informativos de los Medios Masivos de Comunicación – la palabra calor es reiterativa, aún cuando se anuncien lluvias y tormentas eléctricas para regiones específicas o la nación entera.

Quizás de ahí que no sean pocos quienes por estas ardientes tierras de las Tunas esperan un septiembre bien fuerte. Otros bauticen al 2014 como el año de las sombrillas y las mangas largas diurnas o cometen en voz alta, en colas y mercados, que hace falta que algún innovador se le alumbre el bombillo y diseñe un ventilador portátil electrónico, tan viable y práctico como los celulares.

Y mirando la furia del sol, sus explosiones, el deterioro ambiental y la calentura que cogen los termómetros mal no estaría la idea, porque lo que se llama invierno en este bello Balcón oriental de Cuba hace rato que no se siente como para acurrucar bajo una colcha a friolentos y fogosos. Ojalá después del otoño empecemos a dibujarnos en la piel la tibia levedad de una cobija. Le juro que acá miles lo prefieren.