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  • Este Balcón del Oriente de Cuba tiene una de las tasas de mortalidad infantil más bajas del país y se realizan unos 900 partos mensuales.

Por Graciela Guerrero Garay   Fotos: Yamila

Cada nuevo grito de un bebé en el Hospital General Docente Ernesto Guevara de la Serna, en este Balcón del Oriente de Cuba, significa aquí un acto tan hermoso como el rompimiento de la crisálida que origina el nacimiento de las mariposas, gracias a la dedicación, profesionalidad y empeño de ginecólogos, obstetras,  enfermeros y trabajadores en general de la sala de maternidad y los cuidados intensivos neonatológicos, quienes de conjunto permiten que la provincia tenga una de las tasas de mortalidad infantil más bajas del país.

Con el encantamiento y la ternura de una vida que abre sus pulmones al mundo, son recibidos por la familia y el equipo médico los recién nacidos tuneros y representan una victoria rotunda sobre cualquier contratiempo, más cuando tampoco hay muertes maternas directas a pesar de la alta morbilidad de embarazadas con patologías relacionadas con afecciones cardiovasculares, hipertensión, diabetes, precocidad gestacional y otras enfermedades que requieren tratamientos especiales y diferenciados.

El camino del éxito se vislumbra ante las primeras sospechas de un embarazo y su confirmación y captación por el Médico de la Familia, que es quien lleva el seguimiento, junto con la enfermera, en la misma comunidad de residencia de la futura mamá, derecho del que disfrutan todas las mujeres en la Isla y lo que permite, nueve meses después, que la sala de maternidad culmine satisfactoriamente el alumbramiento o tome la estrategia y dinámica más adecuada, ante cualquier eventualidad o urgencia de última hora.

Fruto de este trabajo conjunto y muy profesional, humano y con asunciones muy éticas, el “Guevara” alcanza en lo que va de año un índice de 3,0 niños menores de un año fallecidos por cada mil nacidos vivos, comparable con los reportados en naciones muy desarrolladas.

Con unos 900 partos mensuales, Las Tunas acumula un alto y heroico prestigio en este tipo de servicio materno-infantil, donde el amor y la entrega han permitido también salvar a bebés con un peso corporal de solo 600 gramos y patologías prácticamente incompatibles con la vida.

No es un simple símil reiterar, a todas luces, que llegar al mundo en estas tierras del oriente cubano encierra ese milagroso sortilegio que cautiva el alma cuando, de pronto, se rompe una crisálida y aletea una bella y fuerte mariposa.