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  • Si bien disminuyen los accidentes de tránsito en Cuba, hay alertas rojas en las cuatro esquinas.

Por Graciela Guerrero Garay    Montaje: Chela

Hay que reconocer que en un asunto tan neurálgico como triste decir que en Cuba, durante el primer cuatrimestre del año, disminuyen los accidentes del tránsito es una buena noticia, más cuando ante la crítica situación de los hechos y sus aportes negativos en las primeras causas de muerte, se adoptaron medidas y se lanzaron campañas de propaganda y publicidad, encaminadas a tomar conciencia y colocar las consecuencias como prioridad en las agendas de las direcciones implicadas.

Sin embargo, esa realidad vale medirla con la teoría del “vaso medio vacío o medio lleno”, pues la curva descendente no se comportó igual en lo referido al número de muertos y lesionados, cifra que aumentó entre enero y abril aunque las colisiones bajaron, en comparación con iguales meses del 2013. La capital cubana, La Habana, junto con grandes ciudades como Santiago de Cuba, Camagüey y Holguín reportaron la más alta cantidad de fallecidos.

De cualquier manera, los índices de peligrosidad, el incumplimiento de las leyes del Tránsito, el mal control del vehículo, los adelantos indebidos y el atropello a peatones se mantiene y provocan los accidentes, como es el caso de Las Tunas donde al cerrar febrero se registraban unos 23 eventos de este tipo en las ocho municipalidades, los cuales ocasionaron cuatro defunciones.

Hablando con palabras precisas, la alerta sigue en las esquinas y el riesgo se multiplica con la llegada del verano en la Isla y las consiguientes vacaciones masivas de estos meses de junio - agosto, etapa donde también la circulación de vehículos conducidos por turistas reactiva las señales rojas de la vía, no todas en óptimo estado y debidamente señalizadas, sin contar los excesos de velocidad y la cuota que suma la irresponsabilidad de los choferes.

Otro detalle que tensa el trasiego por las carreteras cubanas es la transportación en camiones, una alternativa para suplir las carencias del transporte público, interprovincial, básicamente, con porteadores privados quienes, en cada viaje, trasladan hasta más de 50 personas, en dependencia de la demanda y la capacidad de los mismos.

Es elemental tomar conciencia del alcance del más mínimo “tropezón” por calles, avenidas, carreteras y autopistas pues, según las estadísticas,  los más perjudicados tienen entre 24 y 54 años y, de manera especial, de 25 a 29, lo que repercute con mayor fuerza en lo individual y social pues están en plena capacidad de vida, condiciones que necesita la nación y cada quien para desarrollar a plenitud sus potencialidades y metas, en aras de un futuro sostenible y próspero para sí, la familia y los demás.

Ahora que se acercan los paseos sobre ruedas para la mayoría, vale poner un SOS a la cordura y prevenir desde el estado técnico del automóvil hasta las condiciones anímicas y corporales que se deben tener antes de tomar un timón, pues en los últimos tres lustros en Cuba ocurrieron 156 mil 240 eventos de tránsito y murieron en ellos más de 12 mil 900 cubanas y cubanos.