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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Tenía atrasada la menstruación y ya los fantasmas le espantaban el sueño. Aunque no están casados por la Ley, conviven hace seis meses en la casa de Andrés, a pesar de no gustarle mucho la forma en que la tratan la suegra y la cuñada. De cualquier manera, ellos decidieron hacer vida en pareja y nadie los iba a separar.

La historia de Ana Margarita es recurrente en la Isla. Con mayor o menor suerte, el embarazo precoz es un tema que desestabiliza el hogar y pone en tensión el sistema de Salud, cuyo eslabón primario es el Consultorio del Médico y Enfermera de la Familia donde, desde el mismo momento en que se capta a la gestante, se le brindan los primeros cuidados clínicos.

Análisis, ultrasonidos, reforzamiento dietético y las conocidas pastillas pre-natales, un complejo vitamínico vital para el desarrollo fetal y la respuesta biológica de la futura mamá, son priorizados y gratuitos, junto al seguimiento sistemático y el chequeo de los especialistas en Ginecología, Genética y cualquier otra disciplina que proceda según el caso.

Aún con todas estas garantías, Ana Margarita no pudo convencer a los padres. La interrupción simulaba el camino perfecto para borrar los problemas de ahora para ahora. Mientras, en la consulta, el doctor le explica los riesgos, ventajas y desventajas. Con todo, Andrés y ella quieren tener su bebé. A los 15 años sería madre y, él, a los 17.

En los 11 mil 506 Consultorios del país cambian los nombres, pero las historias son muy parecidas. La gestación en edades tempranas, sobre todo por desoír los llamados a protegerse y hacer sexo seguro, es un problema que si bien no llega a poner en infrarrojos a los factores domésticos e institucionales, tensa e interrumpe, las más de las veces, el lógico y armónico desarrollo de la adolescencia.

En las Tunas, por ejemplo, en el 2013 el Centro provincial de Genética Médica estudió los riesgos de este suceso por las posibilidades de nacimientos con malformaciones congénitas, pues la primera juventud es una etapa marcada por profundos y complejos cambios fisiológicos, anatómicos, psicológicos y sociales y el parto pretérmino es una de las complicaciones más frecuentes, condicionado por la malnutrición materna, la anemia y las infecciones que suelen aparecer.

Se atendieron unas mil embarazadas menores de 19 años con el propósito de disminuir los trastornos genéticos, la mortalidad materna, los abortos espontáneos y las dificultades en el alumbramiento, mediante análisis del líquido amniótico y exámenes físicos y ultrasónicos, concebidos en los programas de atención como el Diagnóstico prenatal Citogenético.

El empeño está relacionado directamente con los esfuerzos del MINSAP de disminuir más la mortalidad materna e infantil, la cual alcanzó en 2013 la tasa más baja de la historia con 4,2 por mil nacidos vivos y ubicó a Cuba entre los primeros países del mundo con tan bajo indicador, hecho mucho más relevante al obtener ocho provincias cifras inferiores a la nacional y 22 de los 168 municipios no reportar ni una sola muerte infantil.

Los estudios genéticos demuestran su eficacia en Ana Margarita y las chicas como ellas que en plena pubertad deciden ser madres, pues el pasado año fueron las malformaciones congénitas uno de los índices que decrecieron, con 45 niños fallecidos menos por estas anomalías, aún cuando nacieron 156 infantes más que en el 2012.

Anualmente quedan embarazadas en el mundo 16 millones de muchachas entre 15 y 19 años, sin embargo la suerte de las cubanas no es la misma. Acá tienen apoyo familiar y gubernamental y saben que sus bebés, como ellas, tienen garantías  de vida por muy costosos que sean los tratamientos. No importa cuan quebrada ande la economía y la rabia del imperio del norte recrudezca el bloqueo y no defienda el derecho de nacer de una niña o un niño.