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Por Graciela Guerrero Garay

Israel Álvarez Rojas apenas comienza su carrera y ya sabe el color de un consultorio médico o la blanca palidez de una hipoglucemia. Su vinculación con el terreno, la práctica o la praxis, como quiera llamársele, es una realidad en Cuba y, en consecuencia, en este oriental territorio de Las Tunas.

Recordé a ese estudiante tunero del segundo año de la carrera de Medicina cuando leía la conferencia magistral del rector de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, Jorge González,  sobre “La formación de Recursos Humanos en Salud en Cuba”, a propósito de las sesiones científicas de la II Convención Internacional Tecnología y Salud, celebrada recientemente en el Palacio de las Convecciones, de la capital cubana.

El científico apuntó como fortaleza del sistema de educación en estas disciplinas, la integración alcanzada entre la docencia y el ejercicio asistencial-investigativo de los estudiantes, quienes vitalizan esta verdad por las comunidades entre edificios multifamiliares, casas, biplantas, calles, esquinas y barrios de esta ciudad Balcón, como por cualquier punto geográfico de la isla.

La vital evidencia es difícil no encontrarla en las mañanas cuando, portando el uniforme de la universidad de las Ciencias Médicas, van de puerta en puerta y toman la temperatura de los pacientes, indagan si tienen algún síntoma asociado a las virosis diarreicas o el dengue y orientan las conductas a seguir, con lo cual se convierten también en parte íntegra de las acciones de pesquisaje sobre estas enfermedades que se realizan en Las Tunas y el país.

Y sobre este impacto social giraron las esencias de la conferencia magistral del profesor Jorge González, quien puntualizó que la formación de técnicos y profesionales tiene a la planificación como premisa principal. A diferencia de otras naciones, en Cuba toda construcción curricular está determinada por su pertenencia social. No se trata de estudiar simplemente lo que se quiere, sino de estudiar, dentro de lo que se quiere, lo que el país realmente necesita, destacó.

Igual hincapié hizo en los resultados obtenidos en la educación integral de “nuestros profesionales, pues cuando se gradúan no solo tienen el conocimiento teórico, sino que ya cuentan con horas de praxis”, dijo y ejemplificó con la Facultad de Estomatología en La Habana, “donde todos los años llegan graduados extranjeros para realizar sus entrenamientos, porque en todos sus años de formación en la especialidad nunca tocaron una boca.”

Mientras en la II Convención Internacional Tecnología y Salud se ilustran estas valiosas experiencias cubanas en temas de recursos humanos en las Ciencias Médicas, miles de los futuros médicos, enfermeros, técnicos y paramédicos –por citar algunos – como el tunero Israel Álvarez Rojas saben diagnosticar, orientar e identificar las enfermedades en las primicias de su carrera.

Esto, sin dudas, hace fortalezas en el MINSAP, lleva a la excelencia médica y cumple con altruismo la sabia de martiana que mostró el camino de combinar el estudio y el trabajo. O lo que hace bien igual, la teoría con la práctica.