20140328155746-img-1009.jpg

Por Graciela Guerrero Garay    Foto: Yelaine Martínez Herrera

Cuando va a pagar la corriente eléctrica, aunque existe una ranfla,  la silla de ruedas donde transporta a su hijo se vuelve un conflicto. Entre la conglomeración de personas y la estrechez del portal de acceso a la oficina de pago –ubicada en el Reparto Santos -,  todo resulta más complicado para ella, quien por cierto no es tan joven para salir sin sofocos del esfuerzo.

Esta vivencia no es exclusiva del centro referencial. En muchos lugares públicos las barreras arquitectónicas implican un serio problema, digno de llevar a la agenda de las empresas y organismos responsables de asumir las nuevas inversiones, con esos aires modernos del diseño y los conceptos y tendencias que marcan el desarrollo constructivo y social del siglo XXI.  

Tal necesidad va muy a tono con el gradual envejecimiento de la población tunera, la cual clasifica como la provincia del país con mayor esperanza de vida al nacer (79,28 años o más), al tiempo que su población adulta – mayor supera el 17 por ciento. Esta realidad pone la urgencia a la mesa, al concebir y crear los proyectos urbanísticos y sociales.

El tema no puede – ni debe- minimizarse en la mirada de los gobiernos locales y la valoración de los presupuestos, pues merita un análisis profundo que incluya, sin arbitrariedad, los conjuntos de viviendas, por primar en las corrientes habitacionales del presente los edificios multifamiliares, biplantas y construcciones diversas de pisos altos, actualmente marcados por escaleras inclinadas, escalones estrechos, sin aceras o accesorios idóneos.

Una mirada aguda al entorno denuncia que hoy los ancianos cuentan con minoritarios sitios, sean propios o institucionales, que les faciliten el uso del bastón, sillas de ruedas o un acceso sosegado y saludable para esa tercera edad que les limita objetivamente la actividad cotidiana.

Si bien el Programa de Atención al Adulto Mayor, rectorado por el MINSAP, es bastante integrador e, incluso, llega hasta las salas de Geriatría de los hospitales, no se puede pensar en que socorrerlos ante cualquier enfermedad es cerrar el caso con broche de oro. Muchos detalles sociales exigen reflexión, más cuando el desafío demográfico en Las Tunas y en el país necesita otro discurso mental y material.

Podemos sumarle al asunto la constante demanda de la Asociación de Limitados Físico Motores (ACLIFIM), de eliminar las entorpecedoras barreras arquitectónicas.  Ellos, solamente, suman más de mil 400 y si añadimos los 90 mil 891 que pasan los 60 años y los 246 centenarios, la conclusión es inevitable: hay que construir para ellos y nosotros, que vamos detrás.

La muestra tangible de que se trata de un cambio irreversible de conceptualización ética, social, urbanística y sostenible lo tenemos, también, en los medios de transporte. Los ómnibus Diana y los coches, por especificar dos de alta e imprescindible demanda, hacen la “puntilla”. Huelga argumentar el porqué. Mírelos y saque conclusiones.

Vale, pues, que los organismos trasladen estas inquietudes de un numeroso grupo de lectores afectados –léase tuneros y cubanos- a sus organismos superiores. Los Diputados deberían ponerlos en sus agendas de debate y las empresas constructoras y los arquitectos están emplazados a sumergirse en una buena, saludable y funcional sopa de ideas para que, en lo que resta de este siglo, llegar a la vejez sea un verdadero gozo y regalo de vida.

Y si no se convence, sepa que para el 2050 se afirma que Cuba estará ubicada en uno de los puestos más altos de poblaciones envejecidas del mundo. Hoy lo es entre las naciones de América Latina.