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Por Graciela Guerrero Garay

Para los adolescentes cubanos saber que tienen la posibilidad de optar por un centenar de especialidades de la Educación Técnica y Profesional (ETP), es un alivio, pues unos cuantos al terminar el noveno grado prefieren estudios de tiempo corto que les permita obtener remuneración económica rápida, ya sea a través de la vía institucional o el trabajo por Cuenta Propia.

En Cuba esta enseñanza recibe, desde el 2009, un proceso de cambio centrado, en esencia, en elevar la calidad general del sistema e implementar nuevos planes de clases enfocados a los conocimientos propios de cada perfil, para responder a las demandas de la actualización del modelo económico que acontece aquí y, de manera privativa, a las necesidades de los territorios.

Para las familias en la Isla este impacto significa una credencial en el complejo contexto de la continuidad de estudios de sus descendientes, al tiempo que a nivel social representa el rescate de oficios de alta influencia en los servicios estatales y domésticos, hasta ahora bastante estrangulados, inexistentes o deficitarios debido, entre otras causas, a las serías afectaciones que ocasionó al país el establecimiento del llamado Período Especial.

Para Idalia Pérez saber que su hijo puede optar por una carrera técnica o de obrero calificado es un hecho que agradece, pues está consciente de que es la mejor manera de encausar su futuro, máxime cuando se empeña en tener independencia propia y no es muy dado al mundo de la teoría, “pues las herramientas, las clases prácticas y trabajar pronto son sus intereses básicos”, argumentó a 26 Digital.

Esas apreciaciones tampoco son ajenas a un grupo de padres de educandos tuneros a punto de terminar este verano su noveno grado, en tanto esperan que con la potenciación de la ETP y el egreso de Obreros Calificados en menos de una década se cuente con servicios y ofertas más estables y sostenidas, las más de las veces, por personas con conocimientos empíricos,  fundamentalmente en los barrios y la comunidad.

El déficit de fuerzas altamente calificadas y con instrucción científica en estos menesteres no deja de hacer presencia en las entidades estatales, situación que trasluce Idalia Pérez con una argumentada respuesta: “hasta trabajo da todavía encontrar a un albañil, un cerrajero, un carpintero, un electricista…, cuando se necesita resolver un problema doméstico. He tenido experiencias en que no he podido reparar mi reloj por falta de operario. En varios lugares hay solo uno, y si se enferma…”

Con estos buenos aires, la Educación Técnica y Profesional en Cuba terminará el presente año escolar y comenzará en septiembre un nuevo ciclo, donde cada provincia asumirá sus estrategias para satisfacer viejas y nacientes demandas de la economía local y nacional, dentro del gigante paso que emprenden cubanas y cubanos en pos de hacer su proyecto social  más humano y sostenible.