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Por Graciela Guerrero Garay

La pequeña Adianys jimiquea ante la presencia, en la puerta de su casa, del impecable uniforme blanco de la enfermera Carmen.  Como es familiar la visita y el atuendo, la niña sabe que algo sucederá “con ella”. Esta vez la medicina no es dolorosa. Son unas gotas salvadoras que, todavía, no tiene dimensión de cuanto significan y valen en presente y futuro.

Cuba vuelve nuevamente a ratificar que la infancia es oro de 22 quilates entre sus prioridades: comenzó desde el pasado viernes la 53 Campaña de Vacunación  antipolio. Mi vecinita es una de los 383 mil 671 niños y niñas del país que recibirán ahora dos dosis del medicamento, al estar comprendidos en las edades desde 30 días de nacidos hasta 2 años, 11 meses y 29 días.

Empero, este esfuerzo desmedido del gobierno en la isla permite que, desde 1962, toda la población menor de 68 años esté protegida  y cada vez se suman quienes van arribando a las edades establecidas, como ahora que inmunizan también (con la reactivación) al espectro infantil que tiene 9 años, 11 meses y 29 días, los cuales cuantifican 119 mil 899 a lo largo y ancho del archipiélago.

Carmen, gentil como la mayoría de sus homólogas, hace “gracias” a Adianys hasta lograr convencerla de que no duele. Son vivencias humanas que interactúan a favor del bienestar de la comunidad y el trabajo, diario e incansable, realizado por las enfermeras y los médicos de la familia. Al final, la pequeña tira besos y Carmen sigue escaleras arriba para vacunar a otro infante del barrio.

Adianys forma parte de los 24 mil 800 niñas y niños que en los ocho municipios de Las Tunas integran los registros de esta 53 Campaña. Dentro de dos días cerrará la nueva victoria sanitaria de Cuba y la salud quedará viviendo para siempre en las comunidades del llamado caimán verde del Caribe.