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Por Graciela Guerrero Garay     Foto: Lloansy Díaz Guerrero

Aunque todavía no ha llegado la cosecha de la esperada papa por las llamadas placitas ni puntos de venta de productos agroalimentarios en esta oriental provincia cubana, el anuncio de que ya comenzó la recolección por el occidente del país despertó la añoranza por el tubérculo, uno de los preferidos en esta parte de las Antillas Mayores.

Cultivada hace más de ocho mil años, constituye uno de los alimentos más importantes en la nutrición humana y está ubicado como el cuarto renglón de mayor consumo mundial, hecho del cual no escapan los cubanos, sobre todo los infanto-adolescentes, quienes la prefieren frita, en tanto los adultos la disfrutan mejor combinada con carne de res, pollo o cerdo.

Sin embargo, aunque el tubérculo – científicamente llamado Solanum Tuberosum – gana las palmas de todos, según un sondeo realizado por 26 Digital a partir de los comentarios de que “pronto tendremos papa”, muy pocos conocían sus valores nutritivos, entre los cuales se encuentran las vitaminas A, C y del complejo B, cobre, hierro, magnesio, potasio, niacina, fibras, proteínas y carbohidratos compuestos. Es decir, la codician por ser rica al paladar y perfecta para múltiples recetas culinarias y hasta ahí.

Lo mismo sucedió al preguntar sobre sus usos medicinales. Solo uno de los 15 encuestados, supo referir su beneficio en la cura de las heridas que demoran en sanar.  Y en efecto, la papa posee diversos poderes de sanación, los cuales, según investigaciones realizadas en diversas partes del mundo, se ignoran por la mayoría de las personas.

Poseedora de una pequeña cantidad de atropina, al igual que el tomate y la berenjena, en pequeñas dosis tiene un efecto antiespasmódico que alivia el malestar intestinal. Su aplicación externa en caso de dolores musculares y problemas de la piel, como las heridas, es muy buena, al actuar como antiinflamatorio. Basta rallar 2 ó 3 papas crudas y mezclarlas con leche, el preparado (cataplasma) se envuelve en una venda y se coloca sobre la parte dañada.

Para disminuir el ardor de los ojos, una rebanada sobre los mismos resuelve el problema, a la tiempo que se recomienda, por su acción antiácida y sedante, para daños estomacales, por digerirse con facilidad. Las papas cocidas igual son divinas para los estados gripales, por el alto contenido de vitamina C, sin dejarlas cocer desmesuradamente pues pierde sus propiedades. Los estudios recomiendan no pelarla. Lo ideal es cocinarla a vapor o con escaso líquido.

Otras revelaciones importantes indican que beber agua de papa baja el ácido en el sistema gastrointestinal. Su procedimiento consiste en lavar el tubérculo –preferentemente grande- cortarlo en trozos, colocarlo dentro de una taza de agua con una pizca de sal y dejarlo reposar por una noche. Al día siguiente se cuela y se toma en ayuna durante varias semanas. Poco a poco, llegarán los resultados.

Igual alivia la función hepática y elimina las toxinas del organismo. Una dieta a base de la sabrosa papa, durante dos días, ayuda al cuerpo a desechar el exceso de líquido y tóxicos, a la vez que purifica la sangre, de aquí  su efectividad para la gota y la artritis. Ingerirla asada con cáscara cinco veces diarias y, luego, tomar bastante agua representa un enorme beneficio a la salud.

Sin embargo, los valiosos aportes curativos de este alimento son más amplios y está comprobada su benevolencia en cólicos biliares, la eliminación del ácido úrico, inflamación de las encías, dolores de garganta, flujos vaginales, la carnosidad ocular, quemaduras de sol, bajar las alteraciones mamarias en el período de lactancia y como anticonvulsivo (epilepsia, temblores, desmayos, ataques). Para estos fines se procesa en cocimiento, zumo e infusión, con la cáscara, flores secas y hojas.

Entonces, como dice mi vecina…”ahora sí como papa, porque me gustan y aprendí que también curan”. Con estas motivaciones, no solo culinarias, los tuneros esperan el aluvión de la cosecha. ¡Bienvenida sea!