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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

Virginia Flores no exageraba cuando dijo no atreverse a darle de comer al nieto, de un año de edad, el pan vendido el pasado martes 21de enero en la bodega La Revoltosa, donde adquiere los alimentos normados. Era una melcocha -puntualiza- y con las cinco bolas se podía hacer una. Si se lo doy al niño, se le pega en la garganta.

Tradicionalmente la calidad del pan es mala, dice, y otros consumidores la apoyan con un gesto afirmativo. Su queja no es privativa de esta unidad. Indistintamente, por todo el municipio, una que otra vez, este alimento recibe el rechazo de los tuneros por la inestabilidad en su calidad, incluso en el tamaño y estética del moldeo.

Simula un karma y de “los malos”, como indicó un vendedor a domicilio, cuyos clientes pertenecen a los mercados La Unión y Leningrado. Mientras, de la crítica tampoco se salvan las flautas que expenden de manera liberada. “Si lo compras de madrugada, a las 9.00 a.m es una goma”, afirma un mercader ambulante, quien aseguró haber perdido muchos clientes por esta causa.

La calidad del pan es un tema traído y vuelto a retomar en  los Medios de Comunicación. En no pocas Asambleas de Rendición de Cuentas está entre las inquietudes y denuncias de los problemas que afectan al consumidor. El programa Latir del Pueblo también puso puntos a las íes, sin embargo el camino verdadero no se vislumbra: mejora unos días y vuelve a lo mismo de lo mismo.

A la harina le echan siempre la mayor de las culpas. Pero…, cuando es evidente que viene quemado, ¿tiene que ver eso con dicha materia prima? ¿Ese moho blanco y la acidez que le hace incomible antes de las 24 horas, igual va a dicha cuenta? ¿Y la dureza? Todas estas preguntas se las hacen a diario cientos de personas, en cualquier punto de venta de la ciudad. ¿Los panaderos, lo cuestionarán igual?

El tunero no concibe al pan como un nutriente necesario. Lo cataloga un alimento imprescindible, al momento de planificar el desayuno y la merienda de los escolares o fortalecer la dieta de los ancianos de la casa. Incluso, en el sondeo realizado, la mayoría lo comparó con el arroz. No puede faltar en la mesa.

Empero, no todos pueden pagar cada día el precio de la oferta liberada, ni ir de madrugada a comprarlo para ponerlo fresco sobre la mesa. La cuestión básica radica en una pregunta que no tiene respuesta definitiva: ¿cuándo comeremos un pan bien hecho? Y los más radicales señalan: “es muy bueno eso de analizar las quejas y decir los problemas pero, ¿quién los va a resolver ya?”

Y mirando el asunto en blanco y negro…les asiste la razón a los lectores: llueve sobre lo mojado.