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Por Graciela Guerrero Garay

Cada vez que me cruzo con Misael por las mañanas recuerdo a su hermano, un joven de unos 28 años, servicial y trabajador, a quien todavía el barrio no puede olvidar como tampoco la noche en que la fatal noticia sacó lágrimas a todos. Cerca, dentro del propio Consejo Popular, a menos de dos kilómetros de la casa paterna, el vehículo en que viajaba con unos amigos se estrelló contra un poste del tendido eléctrico.

Tal fue el impacto, que la fuerte mole de cemento se partió en dos y aplastó, como a una maqueta de papel, el chasis del moderno carro. Estaban tomando, según dijeron, desde bien temprano. El accidente detuvo el reloj a las 9 y 20 p.m aproximadamente.

Por el archipiélago cubano son cientos las familias que, diariamente, un hipo de dolor le cuaja las sonrisas y le hacen pensar miles de posibilidades: “si no hubiese ido…”; “¿por qué no me hizo caso?”… Las estadísticas no traen el abismo profundo de las almas. Solo ilustran la verdad objetiva: los accidentes del tránsito son la quinta causa de muerte en Cuba. Por ellos más de 12 mil cubanos perdieron la vida desde 1999 hasta ahora.

Otra vez los dedos apuntan al hombre, sin descontar razones de peso como el deterioro de las vías, el incremento de la circulación de vehículos de diferentes categorías, desperfectos técnicos y superexplotación de medios de transporte, descontrol sobre funciones, deberes y responsabilidades de choferes, tanto estatales como privados, mayor presencia de medios de tracción animal y humana en las carreteras y calles y, sobre todo, el irrespeto elemental a las normas de conducción vial por los peatones y conductores.

Nada de esto es ajeno. Las Direcciones de Tránsito, los gobiernos locales, los ciudadanos y quienes deciden buscar el sustento con el volante en las manos conocen los efectos y las causas de estos eventos traumáticos para los seres humanos, la sociedad, la economía y la nación, sea a corto, mediano o largo plazo. Sin embargo, no hay un PARE ni en esta provincia ni a nivel nacional.

Campañas propagandísticas no faltan. Jornadas dedicadas a sembrar estados de conciencia responsables, así como a informar y educar, tampoco. Con febrero se cerrará otro intento legal y gubernamental de encontrar el camino para detener los accidentes, Ni un paso en falso, la cual busca que las personas interioricen que en la vía hay derechos inviolables, se ande a pie o en un vehículo.

Las Tunas, por ejemplo, cuantificó unos 323 lamentables sucesos de este tipo el pasado año, con seis muertes más que en el 2012.  En el actual 2014, la lista supera la veintena. Hay vigilancia y ocupación policial, se utilizan las herramientas de publicidad para llamar a la reflexión y adoptan medidas diversas en asuntos de prevención, encaminadas a frenar esta interminable carrera a favor de la muerte.

A cambio, las estadísticas hablan de irresponsabilidad desmedida, poca precaución y pertenencia propia, al tiempo que desnudan un globalizado desinterés cívico y social. Habrá, entonces, que multiplicar la acción de las patrullas motorizadas o crear un contundente sistema de leyes que obligue, al menos, a frenar en seco a los infractores.

De cualquier manera, estamos emplazados a sacar el pie del acelerador. Llorar, extrañar y sopesar potenciales alertas, no devolverán jamás a quienes partieron, como el hermano de Misael, antes de tiempo. Cuba hoy, también, debe vencer esta cruzada.