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Por Graciela Guerrero Garay

Simona Carrasco tiene una hija en Santiago de Cuba y la noticia le provocó un escalofrío: un nuevo temblor de tierra (sismo) rompió la agitada calma que parece cubrir, cada día, a una urbe tan populosa y activa como “el Chago cubano”, la indómita y hospitalaria ciudad que guarda, por doquier, las huellas del asalto al Cuartel Moncada, aquella madrugada del 26 de Julio de 1953.

Su nieta trató de calmarla. Abuela, tranquila, que en Cuba nunca pasará un terremoto – dijo. Horas después, en un encuentro fortuito conmigo, comentó que no estaba muy convencida de que fuera cierto, “porque últimamente ha temblado hasta en La Habana”.

Ciertamente, ellas no son las únicas cubanas que se sorprenden y entran en pánico cuando, en los noticieros radio-televisivos de la Isla, informan sobre pequeñas sacudidas en el oriente o el occidente del país, incluso con perceptibilidad en pueblos medianamente lejanos al epicentro.

Confieso mi inquietud por la reiteración de estos fenómenos en el presente año e indagué en el asunto, aunque Las Tunas muy pocas veces es “movida” por esos bailes bruscos de la tierra.

TRAS LOS DATOS

En la edición digital del 10 de enero de este año del periódico Trabajadores, bajo el titular Aclaraciones sobre los últimos eventos sísmicos en Cuba, encontré que justo en la madrugada de ese viernes, a las 6.23 a.m, ocurrió el sismo perceptible número tres del 2014, “casi 15 horas después que se sintiera otro de magnitud 4,9 en la escala de Richter en regiones de La Habana, Matanzas y Villa Clara”, cito textual.

La información refiere las inquietudes de los cubanos por estos hechos, prácticamente sucesivos. En efecto, especialistas de la Estación Central Servicio Sismológico Nacional, radicada en Santiago de Cuba, esclarecía que la “actividad sísmica en esta región del país no es frecuente, pero sí es normal su ocurrencia por la presencia de zonas sismogeneradoras.”

La recurrencia se explica como “producto de que después de ocurrir un sismo con magnitud significativa, que provoca una ruptura en la corteza terrestre y como parte del proceso de reacomodo de las fallas, se continúa liberando energía, manifestada en terremotos de magnitud menor llamadas réplicas, que algunas pueden ser sentidas por la población”. Y más adelante puntualiza: “En este caso hasta el cierre de esta nota, se han registrado un total de 36 que oscilan entre 0,5 a 3,9”, añade el artículo.

OTROS INDICIOS

Aunque quizás las memorias de los pueblos – o los más contemporáneos del archipiélago – no vayan sobre el tema como un asunto cotidiano (tal vez por aquello de que lo malo llama lo malo), Cuba tiene en sus anales terremotos muy terribles como el ocurrido el 23 de enero de 1880, el cual asoló los poblados de San Cristóbal y Candelaria, en Pinar del Río, seis en la escala de Richter y ocho en la MSK. Tuvo 65 réplicas y fue estudiado por el padre jesuita Benito Viñes, precursor de la meteorología cubana.

Algo similar pasó en Trinidad (enero de 1824) y en La Habana (febrero de 1843), aunque la mayor actividad sísmica se reporta en la zona oriental por su acercamiento a la placa del Caribe. En los anuarios de efemérides significativas se compilan varios movimientos telúricos de importancia en Santiago de Cuba, con efectos destructivos como los de 1776, 1852 y 1932. Empero, hay reportes en 1580, 1632 y 1675, entre otros.

¡¡¡ ¿TERREMOTO?!!!

Por suerte, toda la actividad sísmica de la hermosa isla de Cuba, en los últimos años, no ha llegado más allá de sustos como el que sobrecogió a Simona Carrasco.  Sin embargo, el país está ubicado en una región con diferentes sistemas de fallas de una importante actividad telúrica.

Las investigaciones indican que, en este sentido, la Mayor de las Antillas recibe la bendición de la naturaleza y es uno de los lugares más seguros.  No obstante, aproximadamente el 70 por ciento de estos eventos suceden en la zona de falla de Oriente, por lo cual existen estudios que sugieren que hay una alta probabilidad de que ésta genere un sismo con magnitud siete.

Nadie está preparado para las tragedias. Los cubanos, tal vez, no conciban como cierto los tristes vaticinios de las fundamentadas investigaciones dentro y fuera del archipiélago.  A grosso modo, los terremotos no son los demonios naturales que más afectan aquí.

Saber, entonces, que la nación está preparada para enfrentar los malignos bostezos de la tierra, es garantía. Aunque no pueda evitar que el suelo decida herirse por sí mismo, Cuba está alerta.