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Por Graciela Guerrero Garay  Fotos: Norge Santiesteban y G.G.G

La noticia de que Cuba en el presente año tiene potencialidades para incrementar en dos millones de toneladas la producción de hortalizas y condimentos frescos, como es de suponer, fue muy bien recibida por el pueblo. Sin embargo, trajo a colasión un tema latente en cualquier predio del país y el cual, en el caso de Las Tunas, es “una constante pi” como solíamos decir en mi época de estudiante cuando algo nos salía hasta en la sopa.

Para qué más vegetales y hortalizas –comentó Jessica Drid – si ahora ni los podemos comprar. El asunto no es nuevo. Yulia Licea siguió el hilo de la réplica: “Acabo de ver unos pimientos bellos, grandes, pero a cuatro pesos cada uno”. Acto seguido narró que al protestar, el vendedor dijo que la carga la trajo de lejos, tuvo problemas con  el camión y pagaron una multa bien fuerte.  La historia terminó con “¿y tengo yo que costearle la multa a ustedes, con el precio del pimiento?”

Esta realidad es repetitiva en el andar diario por los agromercados de la ciudad y del resto del país (certeza que nos llega por diferentes vías de comunicación, experiencias propias o de colegas). La variedad de hortalizas y vegetales, quizás como pocas veces en años, es tentadora, tanto en los puntos de venta privados como estatales. Empero, el asunto “del monedero y la cartera” es la barrera adquisitiva para la mayoría.

Tal vez por eso la avalancha productiva en el 2014 de esos renglones vitales para una dieta balanceada – tan abogada para mantener una calidad de vida sana, mientras demográficamente envejece la población – irrite más de lo normal, sin minimizar, desde nuestro punto de vista,  el positivo impacto que significa conocer que en el presente año hay un despegue en la producción agrícola nacional y la cifra, en  este caso, superaría en 400 mil toneladas lo obtenido en el 2013.

En una visita realizada a este oriental territorio por el Grupo de Agricultura Urbana y Suburbana, representada por su jefe, el doctor Adolfo Rodríguez, se supo que el empeño es alcanzable con solo subir los rendimientos en un kilogramo por metro cuadrado en las áreas existentes, lo cual incrementaría en 80 mil toneladas la cosecha, según datos difundidos en el portal Tiempo21.

Otro detalle que argumentó Rodríguez estuvo relacionado con la creación de miles de huertos temporales a lo largo y ancho de la Isla, donde se aprovecharán la materia orgánica y las tecnologías de riego disponibles para los agricultores, quienes rotarán diferentes cultivos como habichuelas, calabaza, pepino, tomate, berenjena y quimbombó, entre otras hortalizas que no son de hojas como la lechuga y la acelga.

Para los cosechadores tuneros, los parabienes que recibieron sus resultados productivos significan nuevos compromisos y retos, fundamentalmente por la intensa sequía que azota al territorio y la variedad de vegetales y hortalizas que mantienen en los mercados de estas tierras del oriente de Cuba. El abracadabra de los consumidores está en si bajarán o no los precios en el 2014, y podrán poner sobre la mesa los verdes platos también.

Con esa expectativa algunos llegan al mostrador y, al rato, vuelven con los bolsos vacíos, mientras la aglomeración de mercancía por la lentitud de las ventas se les antoja repetitiva. De cualquier manera, el desafío de la Agricultura en Cuba por diversificar la producción e incrementar los rendimientos es igual de cierto. En ello parece estar cifrada la mágica clave que bajará los precios.