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Por Graciela Guerrero Garay

Realmente se veía diferente. En su rostro joven, sensual, aquellos ojos verdes le daban un “toque” seductor, muy difícil de disimular entre amigos y observadores. Otros, quizás los más distraídos, notaban “algo raro” en la cara de Andria, pero no acababan de definir cual era la “bonitura”.

Lo decidió apenas tuvo el regalo de cumpleaños. Este dinero lo invertiré –se dijo- en comprarme unos lentes. Iría a la discoteca a lucirlos.

Bueno –cuenta ante mis insistentes preguntas -  pasé trabajo para ponérmelos. Finalmente, tuve que recurrir a mi amiga. Creo que por eso me dañé. Claro, soporté las molestias. Yo tenía que salir este sábado con mis ojos verdes.

Al día siguiente, al despertar, la picazón y al ardor eran insoportables. Se lavó más de una vez la cara y nada. Decidió ir al hospital. Al momento de entrevistarla, traía el ojo derecho vendado. Se hizo una pequeña herida en la cornea.

Andria no es la única muchacha- víctima de los encantos de los lentes cosméticos. Igual los varones se los ponen y corren los mismos riesgos y consecuencias. En los casos más graves, pueden ocasionar hasta la pérdida de visión.

Fuentes especializadas del Instituto Cubano de Oftalmología “Ramón Pando Ferrer”, de La Habana, descalificaron el uso de estos lentes y alertaron que la más de las veces esos artificios son de segunda mano, se desconocen los requisitos de empleo y los vendedores –compradores no tienen las soluciones para desinfectarlos.

En efecto, Andria no sabía nada de eso. Lo importante era salir con “unos ojos verdes” y hasta habían hablado de prestarlos al resto de las amiguitas. Las advertencias que igual le hicieron en el tunero Hospital General Docente Ernesto Guevara, de este oriental territorio, coincidieron.

“No; no creo que me ponga lentes otra vez. Me quedo con mis ojos color miel. Ya sé que prestarlos puede dañarme y dañar a otros, por las erosiones o perforaciones que provocan en la cornea. Fíjate, que las úlceras se contaminan por hongos y bacterias y hasta puedo quedarme ciega.

“Cuente mi historia. Los lentes son también una moda y, en verdad, los jóvenes no miramos las consecuencias”, me pidió mientras hacia una mueca de dolor frente al espejo, el mismo que la noche anterior le había regalado una imagen más sexy y seductora.