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Por Graciela Guerrero Garay    Foto de la WEB

La suerte del huevo no parece muy buena en estos tiempos, aunque la verdad es que la mala le ha caído al consumidor, porque son varios los lectores que se quejan de que la mayoría no sirve y, si compran 10, tienen que desechar la mitad por estar en mal estado.

Hay muchas cruces en este camino largo de la gallina y el huevo y, según una información publicada por la Agencia Cubana de Noticias (AIN), el problema es nacional, por las “irregularidades en la transportación y la falta de condiciones para el almacenamiento adecuado de un producto de poca durabilidad”, dice la nota y agrega que eso “atenta contra el empeño institucional de mantener estable la venta liberada de huevos en bodegas y carnicerías”.

Para los tuneros el problema trasciende en que alguna cantidad –desde 1 hasta 10, según los que compren – está viejo, aún cuando lo adquieran a pocas horas de llegar a la carnicería. Si pasan más días, es peor. La opinión general se inclina a la estrategia de venta que utilizan casi todos los establecimientos: sacarlos en pequeños mostradores fuera del local, expuestos a las altas temperaturas del sol, lo cual acelera la descomposición del producto.

Y no parece estar errado el criterio de los consumidores por cuanto, en la información de marras, María Juana Hernández, directiva del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), explicó a la AIN que en las bodegas y carnicerías no existen las condiciones para conservar la calidad de esta mercancía, que tiene diez días de durabilidad.

Sin embargo- acotó- que en los monitoreos realizados se apreció una circulación constante del huevo liberado, a un peso con 10 centavos, en los llamados Mercados Ideales, pero buscan fórmulas para distribuirlo con más frecuencia en esa red, donde el abastecimiento se mantiene mensual.

Al indagar el tema con el dependiente de la carnicería El Leningrado supimos que, en efecto, allí no hay condiciones de almacenamiento para los huevos, incluso para los que todavía se mantienen normados, pero su estrategia es solicitar envíos entre 4 ó 5 cajas al almacén y, como tienen rápida salida, no se le abarrota la unidad ni la mercancía dura disponible más de una semana.

Sin embargo, lo que pudiéramos llamar “el pollo del arroz con pollo” parece estar en el tiempo de estadía en los almacenes, o en el ciclo de distribución desde la granja a éstos, pues lo cierto es que los clientes de esta zona se quejan de que todos los huevos no son frescos, aunque lo compren el primer día de expendio o después.

Otros criterios estuvieron relacionados con el precio, a pesar de que bajó 40 centavos. Hubo coincidencia en “ser duro” para la mayoría y sentirse obligados a adquirirlos de manera razonada, según el bolsillo y la necesidad. Varios lectores alegaron que “ya ni podemos comerlo como antes, pues el normado es mensual y muchas veces, cuando llegan los caros, no tenemos dinero. Si aparece después,  sucede que llevan días en el mercado o no hay”.

Tanteamos otros repartos de la ciudad y la situación es similar o parecida. La solución simula no estar a mano todavía, pues “las direcciones territoriales de la Empresa Nacional Combinado Avícola – cito a la AIN- han presentado problemas con la disponibilidad de medios de transporte”. ¿Y la salud del consumidor y su derecho, dónde quedan? Porque lo que no se me ocurre pensar es que después de tanto cacareo en el gallinero y la tradición de degustar el huevo en múltiples maneras, tengamos, así no más, que consumirlo pasado ¡por tiempo!