20131024171122-bloqueo-cuba-estadosunidos.jpg

 

Por Graciela Guerrero Garay

Ni con la semiótica o la gramática se podrá ilustrar nunca el daño irreversible que hace al pueblo cubano el Bloqueo Económico, Financiero y Comercial que impone, mantiene y recrudece el gobierno de los Estados Unidos sobre la Mayor de las Antillas, hace más de 50 años.

Tampoco creo exista una dimensión real de sus consecuencias, incluso, dentro  de nosotros mismos, gracias a los imposibles malabares que, en estas largas y duras décadas, hizo y hace la Revolución para contrarrestar sus efectos y minimizar hasta donde es posible los perjuicios que acarrea, a nivel individual y social, la inhumana política de asedio norteamericana.

No hablo de no tener conciencia de sus impactos y conocer las enormes pérdidas que ocasiona, de una manera u otra, en todas las esferas del desarrollo, sino de la invisibilidad de sus tentáculos en la vorágine cotidiana cuando, por ejemplo, se extiende la espera de una guagua y pensamos, a priori, que no todo anda bien en la Base de Ómnibus o la planificación de los viajes.

Sin embargo, aún cuando sabemos que la excelencia no es un don que hemos alcanzado, detrás de esa demora hay una verdad absoluta: en Las Tunas, una de las provincias pequeñas del país, esta injusta medida impide que anualmente unos 20 millones de tuneros tengan acceso a la transportación pública.  ¿Cuántos cubanos sufren este azote en el país?, me pregunto. Todos, por la falta de piezas de repuesto, gomas, aceites y lubricantes que cada día encarecen sus precios en el mercado internacional y a la nación se le triplica el gasto porque no puede, por culpa del BLOQUEO, adquirirlos en empresas estadounidenses o sus filiales en el mundo.

Está obligada a comprarlas en lugares distantes, con cientos de riesgos e inversiones adicionales, evitables si el gobierno de USA levanta el genocida y lacerante embargo, por demás sancionado por la mayoría de los Jefes de Estados del orbe y delatado por Cuba en todos los podios de la ONU con pruebas irrefutables, año tras año.

La situación del transporte local se ilustra sin equívocos: para satisfacer la demanda de la población, la ciudad necesita 150 guaguas y solo existen 44, de los cuales un promedio de 17 circulan a diario por ser los aptos técnicamente. Y vale indicar que se mantiene activo por la fortaleza del Movimiento de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), las estrategias de itinerarios y el ingente trabajo de los mecánicos y obreros calificados de la Base de Transporte Urbano.

Esta sobreexplotación incrementa las roturas. Y en una nación como la nuestra el inhumano bloqueo norteamericano complica, muchas más, el tema y su solución, pues el recrudecimiento gradual de esta garra imperialista interfiere, incluso, en la libertad de terceros países y personas solidarias con la Isla y prestos a comercializar sus productos. Por el gesto de ayudar a Cuba reciben amenazas, sanciones y multas usurpadoras de sus derechos de soberanía y propiedad.

La secuela de perjuicios envuelve la calidad de vida de los cubanos y la voluntad del Estado de optimizar y acelerar su desarrollo socioeconómico y social. No es un pretexto para esconder objetividades ni deficiencias internas, amén de que existan y se acorralen cada día más. Medicamentos, Servicio Postal, Agricultura, Educación, Comercio Exterior y hasta el simple detalle de cualquier valor agregado que no se produzca o pueda resolver el país, está relacionado con el brutal bloqueo.

Sucia arma de doble filo que en más de 50 años lleva a la Isla a cuantificar pérdidas superiores al billón 157 mil 327 millones de dólares. ¿Qué potestad tienen los Estados Unidos para mantener su terrorista medida? ¿No es hora de que aprendan que no se puede bloquear la fe, los sueños, la voluntad, el valor y todo el enorme y amoroso corazón de un pueblo decidido y corajudo?

El gobierno de los Estados Unidos ridiculiza su propia estirpe y mancilla la virtud de sus ciudadanos. ¿Hasta cuándo también se arrogarán este derecho?