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Por Graciela Guerrero Garay

No siempre las cifras, aunque insinúen incrementos o descensos, tipifican las verdaderas consecuencias, huellas y trascendencia de los fenómenos humanos o materiales que se mueven en torno a ellas. Los accidentes del tránsito son un tema, lamentablemente, donde crecer o bajar dan pérdidas vitalicias, dolor e impotencia. Con ellos vienen las desgracias, no es de otra manera.

Por su crecimiento en el número de muertos y lesionados en lo que corre del 2013, en este oriental territorio de Las Tunas el asunto ocupa la atención de los especialistas y deviene análisis de la Dirección de Tránsito en la provincia, donde estos eventos ocasionaron 19 decesos y 239 heridos y se superó en seis y tres, respectivamente, los registrados en similar etapa del año anterior.

La irresponsabilidad del hombre al conducir es la mayor causante de esta siniestra realidad, por la cual suman más de 270 mil pesos las pérdidas económicas – crecieron comparadas con el 2012- y  aunque existe un número discretamente superior de la ocurrencia de accidentes, no puede minimizarse el impacto pues el índice de defunciones se fue por encima en un 46 por ciento. Es decir, las consecuencias mortuorias son mayores, a pesar de que la cantidad de eventos no es tan significativa al confrontarla con las estadísticas de igual período precedente.

Todo esto ocurre bajo una exigencia mayor en la vía y la entrada en vigor de la Ley No. 109, mucho más severa que la anterior. Sin embargo, nada ha podido contrarrestar ni evitar estos fatales eventos pues los choferes y peatones, sujetos activos de los hechos, violan continuadamente sus deberes ciudadanos, desobedecen las señalizaciones del Tránsito y denotan una muy pésima educación vial y cívica,  no consecuente con todo el despliegue propagandístico, la inversión de recursos y la vigilancia constante que existe por los efectivos del orden.

En el país no es menor la transcendencia de los accidentes automovilísticos, pues durante los meses de julio y agosto últimos el promedio de muertes fue uno por día, con reportes de 30 colisiones y 21 lesionados diariamente y La Habana destacó por la cuantía de incidencias, las cuales totalizaron mil 854 con 94 fallecidos y mil 324 heridos en el archipiélago durante la temporada vacacional.

Vale indicar que en el primer semestre de este año por estos siniestros evitables perdieron la vida 2,3 cubanos por cada 100 mil habitantes, lo que nuevamente evoca a los conductores, esencialmente, a cumplir lo establecido o renunciar por ética y conciencia ciudadana a sentarse frente a un timón, si no es capaz de respetar las leyes y sentir pertenencia con lo que hace, sea ya en funciones de trabajo o privadas.

El rumor mediático de que las malas condiciones de las carreteras son las culpables no es la absoluta verdad. Estudios objetivos y preventivos de la Dirección Nacional del Tránsito, tanto en Las Tunas como en el resto de la Isla, demuestran que la mayoría de los lugares donde suceden los accidentes están correctamente señalizados y con condiciones mínimas, en los viales, para que no sucedan. Manejar no es un deporte. Es, a mi modo, tener muchas vidas en manos propias. Este arrecio de la muerte sobre ruedas hay que detenerlo en la provincia y la nación. Tal vez haya que medir otros indicadores para otorgar la licencia de conducción.