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Por Graciela Guerrero Garay

La compleja situación de las reservas de agua en este oriental territorio de Las Tunas ocupa, con mayor fuerza cada vez, la primera prioridad en la agenda de expertos y especialistas locales, quienes ante el actual comportamiento de las lluvias pronostican una intensa sequía en la región para el año entrante.

“Llueve pero no moja” deviene por esta fecha entre los tuneros un localismo  que comienza a coger altura popular, debido a las altas temperaturas que suben los termómetros desde el amanecer y perduran en las noches, en una época donde hace solo pocos años la marcaron frescas brisas, sino frío, y obligaban a usar diferentes atuendos invernales.

La frase se sostiene por esa sensación de calor sofocante que marca al ambiente antes y después de intensos aguaceros, hecho que los investigadores enmarcan como un comportamiento atípico de las lluvias, pues se registran varias que rompen la media histórica del llamado período húmedo pero por estar distantes de las cuencas hidrográficas, caer sobre zonas específicas y ser de poca significación nada aportan al acumulado de los embalses existentes.

Cuando comenzó la etapa seca, las reservas de la provincia estaban con muy bajos acumulados y, ante la realidad de la actual etapa que comenzó en mayo y terminará en noviembre, la situación es mucho más crítica y se acentúa por ser Las Tunas el territorio de menor índice de precipitaciones del país, con un clima eminentemente seco.

La evidencia del cambio climático se nota en el último trienio con el incremento de las temperaturas, el alargamiento de las estaciones y la inversión de los ciclos lluviosos entre las zonas norte y la sur, y por más de tres décadas acontecen fenómenos extremos de carencia del vital líquido.

En tanto, el territorio adopta estrategias para contrarrestar y enfrentar los inquietantes pronósticos con la asunción de importantes obras para el trasvase de agua, la rehabilitación del acueducto y el alcantarillado y la introducción de especies resistentes a este fenómeno.

Sin embargo, a criterio de los estudiosos queda mucho por alcanzar en temas de percepción de riesgos entre los tuneros, así como en la escucha y puesta en práctica de las investigaciones que aportan elementos esenciales para decidir, ante una impostergable emergencia, el reordenamiento territorial y económico.

Lo cierto es que el cambio climático es evidente aquí y la lluvia no alcanza, ni a poquito, para la demanda y el crecimiento de las tensiones naturales y sociales que ya ponen en alerta roja nuestras reservas acuíferas.