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Texto y Foto Graciela Guerrero Garay

La gente empieza a bajar de los apartamentos. Primero, son los niños y niñas. Después – o al mismo tiempo- las muchachas y jóvenes. Esta tarde, a punto de abrazarse a la noche del jueves 18 de julio, algún revoleteo anda gestando el Delegado. Hay un equipo de música, hasta con “karaoke”, en la acera,  y se anuncia que los chicos pueden ir a ponerse los guantes de boxeo.

La música inunda el barrio. Por allá, unas chicas bailan y otras improvisan, en plena Avenida, una cancha de volibol. La venta de confituras también inicia. En el Consejo Popular 18, de la ciudad de Las Tunas, llega la alegría del verano. Otro signo super-positivo se anota en la agenda el Proyecto Comunitario que promueve el Poder Popular.

ROMPER RUTINAS Y CAMBIAR LOS ROSTROS

Ni Ricardo es su nombre. ¿Apellidos?... nadie se lo sabe. Para todos, que significa unos cuantos miles de personas de todas las edades, es sencillamente “El Delegado”. Eso explica muchas cosas en la vida de este tunero, quien se levanta bien temprano y se acuesta muy tarde, siempre anda de prisa y tiene una calma y una educación exquisita para tratar a la gente. Su gente, sin dudas.

Es el arquetipo de ese hombre responsable, audaz, perseverante y sin miedo a las piedras, no importa cuan grande sean ni las veces que choque con ellas. Por eso gana siempre los mayores votos en las urnas, cuando acontecen en Cuba las elecciones para nominar a los delegados del Poder Popular, sea en las Asambleas de Nominación o en el proceso a nivel de Consejo Popular.

Muchos años como Presidente del Consejo Popular 18, categorizado entre los más grandes y complejos demográficamente en la urbe capitalina de Las Tunas, llenan de cariño y logros su trabajo en los Órganos Locales del Gobierno municipal. En temas de labor comunitaria es el de mejor desempeño. Como mínimo, una actividad al mes convoca por los barrios y a estos los separan unos cuantos kilómetros entre sí, hasta llegar a la periferia de la ciudad por el este y el centro –sur.

Su loable gestión este verano, concebido en Cuba para propiciar con los propios talentos barriales una recreación sana y popular, acumula ya, en el mes de julio, unas treinta actividades realizadas a favor de las comunidades. Trae, como dicen los vecinos, el son que rompe la rutina y el aburrimiento.

Algo muy propio y válido es su iniciativa de rotar por los repartos del Consejo los valores culturales,  deportivos e intelectuales existentes. De esta idea, una muchacha o niño aficionado al canto, por ejemplo, que viva en Palancón – un barrio periférico y complejo- viene a mostrar sus dones al céntrico Reparto Santos, como sucedió este jueves de julio, en la cual los vecinos de unos ocho CDR disfrutaron de la tarde-noche que les trajo Ricardo.

“Amo mi trabajo. Esta alegría popular, la Avenida llena de unidad, divertimento y los niños y jóvenes tranquilos, con lo que les gusta aquí, delante de sus casas, me hace sentir cada vez más  comprometido. Después de tanto esfuerzo, de un día de trabajo, esto merece mi gente” – dice y sale a chequear cómo se comportan los diferentes focos de atracción que dispersa por toda la comunidad.

EL REGALO DE LA CIUDAD JAMÁS ESCLAVA

Las Tunas regala en sus tardes un espejismo propio. El sol, aunque picante con sus lengüetas infinitas de fuego caribeño, inspira. Los tuneros cantan, bailan, hacen chistes y hasta se encuentran, saludan y besan por primera vez en muchos días, a pesar de vivir bien cerca. Es la vida con su ritmo devorador, en un reloj que simula ir más de prisa que nunca.

Comienza la fiesta. De manera espontánea la gente arma el coro. Desgrana la noche… ¡y a bailar! Nunca la ciudad  fue esclava. Ahora danza, ríe y agradece los nuevos hijos que le llenan de amor las cuatro esquinas.