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Por Graciela Guerrero Garay

Solamente un abstemio o alguien convencido y alertado por prescripción médica de que no puede consumirla renuncia, con un sol y un verano tan intenso, a tomarse una cerveza si tiene la posibilidad delante de los ojos. La cerveza gusta y, para muchos, resulta también una adicción fatal.

Esta vez, no voy ni con los unos ni los otros. Pretendo, sencillamente, mostrarles los beneficios que reporta a la salud, de manera moderada, por supuesto, ese líquido espumoso y agradable, el cual tiene, también, el poder de dislocar la vida y el orden si no la ingerimos con responsabilidad y cultura social, pues, aunque usted no lo crea, los modos en que asumimos la ingestión de bebidas alcohólicas, dentro o fuera de casa,  habla de los valores, educación y preceptos que llevamos dentro.

Muchas investigaciones señalan a la cerveza como beneficiosa para combatir el cáncer, por su destacado contenido  de polifenoles como el xanthohumol, presente en el lúpulo (planta trepadora, cuyos frutos desecados se usan para aromatizarla y darle su sabor amargo). Ese antioxidante puede actuar como agente quimiopreventivo, por su alto contenido de catequinas.

Las indagaciones argumentan que esos fitonutrientes son activos en la inhibición y prevención de la carcinogénesis,  hecho comprobado en ensayos “in vitro” y en animales de experimentación con resultados evidentes de contención de las células malignas en el tracto intestinal, las mamas y la próstata. Está demostrado que el lúpulo tiene propiedades antibacterianas y antinflamatorias, por lo cual ayudan a la no aparición de enfermedades degenerativas.

También a la cerveza se le atribuyen propiedades diuréticas y los estudios la ubican como una de las bebidas que mayor aporte de fibra hace al organismo, siempre y cuando el consumo sea moderado y la persona no tenga ninguna patología que le impida ingerirla. En consecuencia, los investigadores la califican entre los productos para evitar el estreñimiento, disminuir la hipercolesterolemia, mejorar los síntomas de la menopausia y prevenir la osteoporosis.

Independientemente de estos valores para la salud, el “laguer” es excelente como loción para el cabello después de lavado, y solo hay que utilizar tres cucharadas de la misma, mezclarla en media taza de agua tibia, frotarse el pelo y dejarla durante unos minutos antes del enjuague.

Para ablandar carnes duras, basta el contenido de una lata y, una hora antes de cocinar, dejarlas en remojo. O pueden marinarse en el líquido, en el refrigerador, la noche antes, e igual verterlo en la olla y guisarlas a fuego lento.

Si fuera poco, quita las manchas de té y café en las alfombras, limpia los muebles de madera y pule las joyas de oro que no tengan piedras preciosas, pero este último mérito es exclusivo de la “rubia”.

Y como este verano le pega a la espuma de cristal le advierto que si es de quienes toman en exceso, no se crea el rey del laguer. Hay plagas de jardín, especialmente las babosas y los caracoles, que la encuentran irresistible. Con enterrar media lata de cerveza caliente o natural en la zona donde tienen su invasión, resuelve. Al siguiente día, todos estarán ahogados en su borrachera.

Más usted, si quiere aprovechar los poderes curativos y preventivos de esta popular bebida, tómela de manera moderada y jamás, cuando maneje. Llene, levante la copa y haga su verano, sin trasmutar el mensaje: todos los extremos son malos, aunque andemos de pachanga.